La Gran Logia de la Perseverancia. Paradigma del repertorio habitacional camagüeyano

foto-4Texto y fotos: Yaxely González Carmenates. (Especialista de la Dirección de Proyectos de Restauración y Conservación  OHCC)

La importancia de la preservación del patrimonio nace de su valor como testimonio de diversos momentos históricos y fenómenos culturales. En el caso del patrimonio construido, los valores adquiridos por el inmueble en el tiempo se manifiestan como acciones acertadas de su proceso histórico. No obstante, un error en la intervención del bien patrimonial puede perturbar la significación documental además de entorpecer su futuro aprovechamiento.

Es indispensable tomar conciencia de que intervenir un sistema patrimonial implica enfrentarse, en el presente, con una estructura histórica donde se manifiestan cambios producidos por el paso del tiempo que pueden abarcar desde el simple deterioro por envejecimiento hasta la transformación de espacios y elementos componentes. Esta situación impone una adecuada definición de valores a partir de los cuales se planteará el proceso de restauración sobre el bien patrimonial.

Hay edificaciones que por su carácter singular y sus altos valores requieren de una intervención que las recupere de manera integral y permitan destinarlas a transmitir importantes significados culturales. Es en estos casos donde la renovación arquitectónica se muestra como el camino más acertado para lograr dicho fin.

Según Jukka Jokilheto «[…] el foco de restauración es el objeto material, y el objetivo restablecer en todo lo posible, la potencial unidad del elemento […], sin incurrir en fraude histórico o artístico, y considerando la estratificación histórica».[1] Esta básica conceptualización de la restauración como categoría de intervención contiene las premisas de los trabajos que desde el año 2011 se realizan en el inmueble ubicado en Independencia nro. 119, o como mejor se le conoce: el edificio de la Gran Logia de la Perseverancia.

Su historia

Paradigma del repertorio habitacional camagüeyano, según reconoce Joaquín Weiss, su pasado constructivo se enmarca en el siglo xviii,[2] aunque no existe documentación al respecto que lo avale. Los primeros testimonios documentales aparecieron al transcurrir los años iniciales del siglo xix y dan fe de la compra del inmueble por Santiago Hernández Rivadeneira, quien más tarde se convirtió en el primer conde de Villamar, dignidad nobiliaria de Puerto Príncipe.

Durante todo este siglo y las dos primeras décadas del xx se realizaron sucesivas compraventas del edificio que aumentaron su valor, lo que puede ser indicador de su probable mejoramiento constructivo. Finalmente el 1ro. de junio de 1927 los dueños vendieron el inmueble a favor de la entidad Gran Orden de la Perseverancia, la cual mantiene su propiedad hasta hoy.

Esta entidad perseverante nació en Camagüey la noche del jueves 11 de noviembre de 1909. Se reunieron en el Círculo de Trabajadores, sito en la calle Maximiliano Ramos nro. 21. Participaron 35 personas en junta general con el propósito de crear una sociedad mutua y cooperativa, la cual fue trasladada al inmueble en la fecha indicada.[3] Esta logia constituye una orden fraternal natural de Camagüey que desde su creación agrupó a hombres de bien, algunos descendientes del mambisado, conmocionados ante las diferencias partidistas inherentes a la corrupción republicana. Entre los miembros iniciales que propusieron la sociedad mutua y cooperativa veladora de los intereses de sus asociados sobresalió el periodista camagüeyano Nicolás Guillén Urra,[4] quien integró la primera directiva.[5]

Su arquitectura

Esta excepcional residencia muestra una disposición espacial que responde a la tipología arquitectónica perpetuada en nuestro país desde el siglo xviii. Su patio interior genera una planta en O que se torna trapezoidal al seguir el trazado urbano. No obstante, su arquitectura responde a la forma de pensar del criollo principeño, cuya solvencia económica se funde con la austeridad, y la solidez y confortabilidad espacial no llevan a excesos estéticos.

foto-1En sentido general la obra denota la influencia mudéjar traída por los colonizadores, la cual fue absorbida no solo en Camagüey sino en toda la Isla. El acceso principal se realiza a través de un portón español de tablas clavadizas con postigo demarcado con líneas curvas. Las tres ventanas que complementan la fachada por la calle Independencia son de cuarterones con motivos barrocos.

En el interior de amplio puntal aparece el techo de armadura como uno de los elementos arquitectónicos de mayor valor en el inmueble. Construido a dos aguas, denota interiormente la existencia de cuatro, debido a la colocación de falsos faldones para aumentar su belleza. Tres tirantes pareados decorados con delicada lacería, sinuosos cuadrales y viguetas molduradas incrementan el valor estético de esta techumbre.

El valor artístico lo potencian las pinturas murales. De discreto estilo rococó y mesuradas formas al estilo Luis XVI, surgen de los muros del salón principal conforme a las realizaciones camagüeyanas del siglo xix. En ellas «[…] foto-3se combinan medallones adornados con perlas, ramos de flores, de laureles, motivos geométricos y volutas de hojas y de rosetas. También se aprecian plumas combinadas con ramos de flores que rematan la cenefa. Debe destacarse que este es el único ejemplar que presenta plumas, motivo muy usado en el estilo Luis XVI».[6]

Pero sin dudas es la tríada de arcos mixtilobulados lo que provoca mayor impacto visual. Sustentados por columnas, sus profundos lóbulos constituyen un alarde constructivo para la época, y unido al hecho de su ubicación en trío, se instituyen como ejemplares notables dentro de la arquitectura camagüeyana. Más discretos, pero no menos impresionantes, son los dos arcos elípticos rebajados que ─perpendiculares a la fachada principal─ sustentan parte del peso de la cubierta con una sorprendente luz de cuatro metros cada uno.

La tercera crujía muestra una galería de arcos de medio punto desde la cual parte una angosta escalera hasta el balcón corrido que permite el acceso a las estancias del segundo nivel. Dicho balcón está cubierto por un alero en gola recta y protegido por una baranda de hierro forjado. A través de este nivel se accede a la azotea que conduce al altillo, singular espacio ubicado al fondo de la fachada lateral, encima de lo que originalmente fue el zaguán del inmueble.

Con la llegada del siglo xx comenzaron las modificaciones constructivas que confirman la adaptación de los propietarios a los nuevos tiempos. De esta manera el eclecticismo que domina la fachada del inmueble es el resultado de las transformaciones realizadas durante 1914, las cuales derivaron en una solución de pretil con balaustres y copones, cornisa, un simple despiezado en el revestimiento y chaflán esquinero jerarquizado con un pintoresco balcón saliente. Estos elementos coexisten con la carpintería colonial y las rejas de hierro forjado cifradas con las letras B. P, presumibles iniciales de una de sus primeras propietarias, Benicia Perdomo.[7]

En la década del 30 se produjeron otras renovaciones que propiciaron cambios en el interior del edificio. Los cambios concluidos en 1936 se dirigieron a la salida por la calle Raúl Lamar y contemplaron la sustitución de la puerta del zaguán por una más pequeña con una ventana. También se eliminó la función de ese espacio y se realizaron otras transformaciones dentro del inmueble entre las que se encuentran la inclusión de novedosas instalaciones sanitarias. Esta intervención fue la última de envergadura realizada durante el pasado siglo.

Sus deterioros

Más de doscientos años de existencia y la falta de mantenimiento oportuno acumularon las lesiones. A finales de la primera década de esta centuria la situación se tornó crítica y la logia tuvo que abandonar el inmueble. Los deterioros se concentraban esencialmente en los elementos de madera.

foto-6El techo de la primera crujía presentaba un estado alarmante. La solera de la fachada se había desintegrado totalmente así como la fogonadura de muchas vigas. Esta situación provocó la pérdida del amarre estructural del sistema constructivo, lo que condujo a una serie de problemas como inestabilidad de los muros, agrietamientos y desplomes. En igual estado aparecía el techo de la segunda crujía y la galería, los que acumulaban filtraciones, plantas parásitas y descomposición total de la tablazón. También se encontraba muy afectado el techo del segundo nivel y algunas zonas del entrepiso.

La carpintería exterior estaba seriamente afectada. Los marcos de puertas habían perdido su fijación vertical por pudrición y las hojas de puertas y ventanas se hallaban agrietadas, en muchos casos desarmadas por la pérdida de sus partes componentes.

La humedad, ya fuera por filtración, condensación o capilaridad había afectado en alguna medida al resto de los elementos constituyentes del inmueble, apareciendo muros disgregados, pérdida de los revestimientos, colonias de microorganismos, desniveles y rotura de los pisos, entre otras afectaciones.

Su rescate

Considerando el carácter excepcional de este inmueble dado por sus valores arquitectónicos, históricos y artísticos, su escaso grado de transformación y la reversibilidad de sus lesiones, la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey decidió intervenirlo con vista a redimir esta joya del patrimonio local. Se estableció la restauración arquitectónica como categoría a aplicar y en 2011 comenzaron los primeros trabajos de rescate.

De trascendental importancia ha resultado la mano de obra, en este caso brindada por los estudiantes y profesores de la escuela de oficios Francisco Sánchez Betancourt de la OHCC. La paciente labor realizada en las diversas especialidades ha permitido rescatar de forma excelente los elementos del lugar. De esta manera se restauró completamente el techo de armadura, cuidando tanto sus valores estéticos como su funcionamiento en general (canales, bajantes pluviales y colocación de tejas criollas). De igual modo se procedió con la segunda crujía y el techo del segundo nivel.

foto-5Mención especial merecen los trabajos realizados para recuperar los arcos elípticos rebajados. Esta actividad resultó dificultosa desde sus inicios si se tiene en cuenta la amplitud de los mismos y la intención de realizarlos totalmente con técnicas tradicionales. El colapso de los arcos originales demandó desmontarlos hasta su arranque y volverlos a construir con ladrillos y mortero. De la precisión de la cimbra sobre la que se colocarían los ladrillos dependió en gran medida el éxito de la construcción, pero la sabia conducción de José Manuel Lugones, profesor de carpintería de la escuela de oficios, garantizó que los estudiantes designados realizaran todos los trabajos de forma exitosa.

No menos importante ha sido la recuperación de los revestimientos. Realizados en masilla de cal y yeso, han seguido la técnica tradicional de los guarnecidos, colocando capas sucesivas con intervalos de tiempo hasta lograr el espesor original. La habilidad adquirida por los estudiantes en la ejecución de esta actividad les ha permitido obtener resultados de alta calidad en otros inmuebles intervenidos.

Actualmente continúan las labores de restauración en este singular edificio. Reparar las cubiertas de los locales en torno al patio, restaurar pisos, carpinterías y pinturas murales son parte de las tareas que aún están pendientes a efectuar. Mucho queda por trabajar hasta recuperar lo que fue bello para una generación pasada y que tantos valores puede transmitir a las futuras.

GLOSARIO

luz: Distancia horizontal interior entre los apoyos de un arco, viga, etc.

alero en gola recta: Conformado por la utilización de un falso techo de madera en la parte inferior de la prolongación de la cubierta.

solera: Madero colocado horizontalmente que se apoya  en muros, horcones, pies derechos, etc, en el cual descansan o se asientan otros maderos verticales o inclinados en una armadura u otra construcción.

fogonadura: Extremo de la viga que se introduce en el muro.

cimbra: Estructura auxiliar empleada generalmente en la construcción de arcos o bóvedas, puede ser metálica o de madera. 

[1]Jokilheto, Jukka: «Conceptos e ideas sobre conservación», en AAVV: La gestión de la conservación integrada urbana y territorial, Curso del Programa ITUC (Integrated Territorial and Urban Conservation), CECI, Bahía, Brasil, 2003.

[2]Weiss, Joaquín E: La arquitectura colonial cubana, siglo xviii. La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1985, p. 390.

[3] Cardoso, Elsa: Independencia nro. 119, la casa de los condes de Villamar. Investigación histórica, Archivo de la OHCC.

[4] Padre de Nicolás Guillén Batista, poeta nacional de Cuba.

[5] Cardoso, Elsa: Ob. cit.

[6]Elizabeth María García Vitar: «La pintura mural en el repertorio doméstico camagüeyano» en Elda Cento (comp.): Cuadernos de historia principeña 4, pp. 155 – 156.

[7]Cardoso, Elsa: Ob. cit.