Cuando el pueblo cubano fue estremecido por la triste noticia del atentado del 6 de octubre de 1976, la patria perdía a aquellos campeones que viajaban en el avión 455 de Cubana de Aviación, y a quienes Luis Posada Carriles y Orlando Bosch privaron de otras grandes hazañas, de la vida misma.
Entre las 73 víctimas del conocido crimen de Barbados, estaba el equipo nacional juvenil de esgrima, que regresaba a Cuba luego de conquistar las medallas de oro del certamen regional en Caracas. Dos camagüeyanas formaban parte de las campeonas: Inés Luaces y Milagro Peláez.
¿Quién era Milagro?
De Milagros puedo decirles que era oriunda de Esmeralda, en el noreste de la provincia, tenía 20 años de edad y una carrera deportiva de éxitos cuando la explosión del avión en pleno vuelo cortó sus alas.
Un complejo deportivo en Sierra de Cubita ofrece deporte y salud en la actualidad a los niños y jóvenes de su tierra, bajo el nombre de la esgrimista.
De Inés…
Mientras Inés Luaces era una estudiante de estomatología nacida en Camagüey que contaba con 21 años en el momento del desastre, también traía medallas y gloria a su patria.
En busca de estos tristes recuerdos que aún viven en la memoria de muchos deportistas de aquel momento, llegué a la vivienda de Juana Cristiá López, quien rodeada de sus medallas, trofeos y fotografías retrocedió hasta el sepelio de las víctimas de Barbados.
Cuenta Juanita
Juanita, como es conocida esta ex atleta del Equipo Nacional de Tiro con Arco, hace analogía con su vida activa durante 15 años y comenta lo feliz que resulta para cualquier deportista entrenar cada día, preparase para una competencia y disfrutar de cualquier medalla o reconocimiento.
Por sencillo que fuera, se pone en el lugar de Inés Luaces, quien más cercana le resulta y suspira al pensar que los terroristas no la dejaron disfrutar el sabor de sus distinciones doradas.
Rememorando…
Según me contó, un familiar de Inés era comisionado de Tiro, aunque no tuvo mucho trato con ella porque su mayor tiempo de entrenamiento era en la capital, el comisionado hablaba de la disciplina y talento con que ya despuntaba la esgrimista.
Cuando se dio a conocer su nombre entre las víctimas del sabotaje del 6 de octubre, siguió cada noticia y las imágenes desgarradoras del suceso a través de la televisión, pues las honras fúnebres fueron realizadas en La Habana.
Sus ojos se humedecen y después de una pausa explica lo triste que resultó ver tronchada la vida de tantos atletas jóvenes.
Siente no haber podido asistir a la despedida del duelo y refiere satisfacción, porque una escuela deportiva convertida hoy en pre universitario en el parque Martí, lleva el nombre de Inés Luaces, inspiración para los estudiantes que se forman en sus aulas y no olvidan la historia de la camagüeyana.
Juanita siguió adelante con su carrera deportiva y en países del campo socialista conquistó preseas de oro, plata y bronce. Piensa que, como ella, las esgrimistas del equipo cubano que murieron en el atentado de Barbados habrían traído otras glorias al deporte cubano; pero la crueldad de los mercenarios pagados por el Gobierno del Norte jugó una dura estocada al pueblo que, a 43 años del seceso, no olvida el dolor y la injusticia.










