Camino a Jaronú

Después del paso del huracán Irma por el norte camagüeyano, el Batey Jaronú se volvió noticia, pues el valor arquitectónico de sus viviendas alrededor del parque de la fuente y junto al central azucarero Brasil,  lo convierten en la joya que es para el patrimonio azucarero del territorio. Meritos que lo  convirtieron en  Monumento Nacional.

La Oficina del Historiador, desde entonces mudó a sus mejores especialistas en la restauración, para devolverle la imagen y frescura al norteño poblado.

Con el propósito de dar continuidad a los avances de las labores, cada semana va un grupo de especialistas y reporteros para guardar imágenes del trabajo reparador.

Así que este viernes, bien temprano nos adentramos por el Paso de Lesca, rumbo a Jaronú, el equipo lo integraban dos especialistas bien jóvenes del Plan Maestro, dos investigadores de pintura Mural, una inversionista y quien les cuenta. Algunos ya habían visitado el sitio y adelantado su trabajo, para mí era la primera vez. Algunos chistes animaron la travesía, sobre todo los relacionados con algunos frenazos bruscos del auto,  a causa de animales y bachees de la vía.

El paisaje

El camino parecía interminable, a casi un mes del fenómeno meteorológico aún la naturaleza se ve muy afectada. Por los lados de la carretera arboles partidos, otros quemados por  la fricción del viento, algunos sobre el suelo y muchas palmas sin el penacho.

Ante el triste paisaje, donde solo sobrevive el marabú, después de hora y cuarto de viaje, comienzan a avizorarse  algunas casitas muy maltrechas en salteados espacios, finalmente… la entrada a Jaronú.

Lo que encontré

No imaginaba la belleza del sitio, que aunque por fotos es un encanto, superó mi imaginario. Pero más que las curiosas construcciones de tejas, con una terminación en el caballete muy inusual, puertas y ventanas recubiertas por el borde con ladrillos y un escudo en cada fachada, el hervidero de personas en la calle trabajando unidos por la recuperación es algo que conmueve.

Poco a poco con largas jornadas de trabajo, que a veces la lluvia interrumpe, se va borrando la huella del ciclón. Las casa van recobrando sus cubiertas y portales,  el parque que tanto lloran sus vecinos, la perdida de los centenarios arboles, recibe palmas nuevas, luminarias y un nuevo proyecto de la Oficina para recuperar la fuente y el espíritu.

El central, corazón del pueblo, recupera sus tejas para armar la maquinaria, que debe moler en enero si o si, porque allí se respira azúcar y cada poblador está atento a la zafra y sus niveles productivos, en cada familia alguien trabaja en el ingenio  y es orgullo de casa.

En mi caminar  por el pueblo, encontré interesantes y vivas historias que ya les iré compartiendo, como todo lo que traje de aquella joya de monte, que ya se recupera y  tanto aman sus pobladores.