Casino Campestre: naturaleza, tradición historia y vida

Por Fidel Alejandro Manzanares Fernández (Colaborador)

Con una extensión de 132 mil metros cuadrados, horadados por increíbles senderos, céspedes y bancos entre los cientos de tupidos árboles, el Casino Campestre, mayor parque urbano de Cuba, lleva intrínseco una trascendencia crucial para la cultura de esta localidad al centro-oriente del país, con más de medio milenio de vida tras su fundación por los españoles en 1514.

Su historia se remonta a mediados del siglo XIX, cuando se erigió un edificio para los certámenes agrícolas, pecuarios e industriales, según los apuntes de la investigadora local, Lilian Aróstegui.

Con el paso del tiempo se hizo notable la relevancia del espacio, aprovechado por diversas sociedades de la época, entre ellas la Sporting Club. Las mismas desarrollaron en dichas áreas juegos de pelota, carreras de bicicletas y bailes públicos de la otrora villa del Puerto del Príncipe.

Ubicado a pocos kilómetros del área que en el año 2008 la Unesco declarara Patrimonio Cultural de la Humanidad, el parque también incorporó un hipódromo para carreras de caballos en días feriados y festivos, hace más de una centuria.

Para inicios del siglo XX, exactamente el 1 de julio de 1909, la prensa de la época reflejaba la inauguración de la glorieta, estilo Art Nouveau, hecha en un material perdurable, y que acogió por décadas la Banda de Concierto; la sede alternó con el emblemático Parque Agramonte, colindante con el antiguo Ayuntamiento.

El auge y esplendor hicieron del Casino Campestre un escenario perfecto para diversas actividades deportivas encabezadas por la sociedad Camagüey Sporting Club, responsable también de espectáculos públicos destinados a los socios en las distintas pistas y campos de béisbol, fútbol, tenis y baloncesto.

Con el triunfo de la Revolución cubana en 1959, el vínculo entre el deporte y el Casino Campestre se extendió como práctica masiva. Nuevas instalaciones surgieron al alcance de toda la población, entre ellas el Estadio Cándido González y la Sala Polivalente Rafael Fortún Chacón, ambos recintos con capacidad para más de 7 mil personas.

Otro de los atributos del lugar resulta la extensión y variedad de sus áreas verdes; paisaje natural en medio de la ciudad, que acciona como pulmón por la belleza de decenas de especies de árboles, cuya armonía paisajista contrasta con importantes esculturas dedicadas a personalidades que sobresalieron en el ámbito de la política y la educación.

Entre ellas el Monumento al Libertador Desconocido, representativo del sentir patriótico del pueblo camagüeyano, integrado en noviembre de 1868 a las gestas libertarias contra el colonialismo de España; acciones independentistas  lideradas por el patriota Ignacio Agramonte y Loynaz, conocido por la historiografía cubana como El Mayor.

Dentro del extenso conjunto escultórico también sobresalen otras referidas a insignes íconos del Camagüey, como Salvador Cisneros Betancourt; además del monumento a Barberán y Collar dedicado a la hazaña de los aviadores españoles quienes en 1933 establecieron una marca al cruzar el Océano Atlántico entre Sevilla y Camagüey.

Reservado para el contacto directo con la naturaleza, el Casino Campestre, atravesado por el Río Hatibonico, uno de los principales afluentes de la urbe, también presume de un Zoológico con más de medio centenar de especies y ejemplares.

La institución, que pertenece a la Empresa Cubana de Zoológicos, posibilita ampliar el desarrollo en materia de conservación de la flora y la fauna, y el fomento de una educación ambiental en el país, a través de círculos especializados, orientados a diversos centros educativos, y que fomentan la conservación de la naturaleza.

Sitio especial para el picnic, actividades deportivas, la creación musical, la plástica, el Casino Campestre reúne una serie de características que propician la celebración de eventos y atractivos socioculturales como la Feria del Libro. Un parque repleto de vida que late en el corazón de los camagüeyanos.