Un recorrido por las calles de la eternidad VI – Mario Arostegui

Foto: Frank Flores Albor
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El cementerio general de Camagüey es el más antiguo del país en funcionamiento, los 205 años de fundado ameritan su preservación. Diversos estilos arquitectónicos de alto valor patrimonial nos recuerdan a los de la ciudad, solo que estos son las moradas de la eternidad.

Por tales razones, la Oficina del Historiador convocó a su equipo multidisciplinario, a la dirección Provincial de Servicios Comunales y a los artistas del Fondo de Bienes Culturales, para realizar una intervención en puntos de interés histórico que ya recuperan los detalles e imagen.

Coordenadas…

Los sitios que se intervienen son el primer y segundo tramo, algunas bóvedas en las calles tercera, cuarta y el panteón de los combatientes caídos en misiones internacionalistas en África.

Mientras se trabaja en los pormenores de cada sepulcro pretendo acercarlos a las historias de las personalidades que hallaremos en un recorrido por los caminos a la eternidad.

En la senda que nos corresponde hoy, nos vamos hasta el tercer tramo, allí confluyen varias personalidades del Camagüey, entre ellas El Lugareño, El General López Recio, Carmen Zayas Bazán y Mario Arostegui. De este último va esta crónica.

La luz de Mario

Con el pasar de los años, los camagüeyanos volvimos a reencontrarnos con Mario Arostegui en disímiles actos y conmemoraciones, pero en estos días en que se reconstruyó la estación del ferrocarril y se abre el museo ferroviario, creo justo desempolvar los bellos recuerdos de la amiga Marlene Álvarez Arostegui, sobre su tío, para compartirla con quienes desconocen estos episodios de dolor que vivió su familia ante el asesinato del hijo menor.

Sus apuntes

Marlene me contaba y ahora leo sus relatos en el libro que ella misma redactó para su familia: “Con luz Propia”, que desde pequeño Mario era intolerante con el abuso, en la escuela siempre estaba del lado de los más pequeños y desbordaba generosidad, aunque era de un carácter fuerte.

Características que lo hacían enfrentarse a los dictadores, además lo acompañaba su fortaleza física.

Mario fue trabajador ferroviario, con la chapa 9278 inició sus servicios en 1943, en la zona de carga, conocida como el expreso.

El trabajo era fuerte pero su robustez le facilitó las tareas. Desde entonces inició en secreto su labor revolucionaria; para ello practicaba el tiro en las afueras de la ciudad.

En 1953 fue a Santiago de Cuba para hacer contacto con los compañeros del 26 de julio, por lo que se trasladó al ferrocarril de aquella zona.

Porque era Mario…

Debido a su carácter explosivo, ya Mario era bien conocido en Camagüey por el sicario Pata de Ganso, pues cada vez que este le mandaba a cerrar un botón de su camisa en la calle, con todo el desprecio del mundo le decía: Ven y ciérralo tú; desafío al que nunca contestó el batistiano.

Era muy perseguido por verse en paros del tráfico de trenes, manifestaciones y finalmente por pintar unos símbolos sobre las tumbas de los caídos en el asalto al Cuartel Moncada, tema que agudizó su persecución.

Ante tales presiones regresa a Camagüey y pasa el día en casa con la familia, en la noche sale a cenar a la Plaza del Mercado, hoy complejo Santa Rosa, de donde nunca regresó. Era el 11 de noviembre de 1953.

Después de la larga espera

La familia angustiada conoció que fue detenido, torturado salvajemente y asesinado en el poblado de Bidot, sin que pudieran arrancarle ninguna información.

Luego su cadáver fue ultrajado y colocado en el puente sobre el río Mabay, -que conduce de Bayamo a Manzanillo-, junto a un petardo para simular su muerte por la explosión y no por mano de un verdugo de la dictadura.

Sus camaradas lograron rescatar el cuerpo y sepultarlo dignamente en un panteón del ferrocarril. Luego recaudaron fondos y le compraron una tumba propia, donde una tarja de bronce recuerda el juramento de sus compañeros de lucha: “Mario tu causa es la nuestra y por ella lucharemos hasta vencer”.

Cada 30 de septiembre, en honor a su natalicio, los ferroviarios realizan una peregrinación hasta el panteón de Arostegui. Junto a la bandera del 26 y las flores, le dejan saber que su promesa fue cumplida y que no olvidarán que su sangre joven abonó nuestras raíces patrias para que floreciera el árbol de la libertad.

El misterio

Como todo joven apuesto, Mario seguro tuvo algún amor, pero era muy reservado para los asuntos personales, por lo que la familia no cuenta con ningún nombre de mujer, sin embargo, durante muchos años la tumba siempre tuvo flores frescas.

Cuenta una de las hermanas que en una ocasión en que visitaba el sitio, una dama elegante salía casi corriendo para abandonar el lugar sin dejar ver su rostro. Durante muchos años las misteriosas flores adornaron la puerta a la eternidad.

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