Desde Jaronú: impronta joven

Especialistas OHCC, Jaronú

“Volvería a ir, dije que sí con cuatro días de trabajo; lo haría de nuevo”. Alejandro Martínez González comenzó a laborar en la OHCC el 4 de septiembre, el día 8 el huracán Irma tocó tierra camagüeyana. Recién graduado de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte Loynaz, este joven partió rumbo a Jaronú, Monumento Nacional muy afectado por el fenómeno metereológico.

Alejandro, especialista en Electricidad, Arquitectura y Montaje, tuvo con los proyectos ejecutados en Jaronú su primer trabajo a pie de obra. Este incluyó la electrificación del Parque Central, la Casona y la Iglesia. “Es un gran esfuerzo, viajamos todos los días bien temprano y regresamos tarde, pero el progreso es satisfactorio, además he aprendido mucho y el trabajo en equipo ha sido provechoso, pues todos los especialistas son excelentes profesionales y mejores personas”.

Es cierto que Jaronú ya cambia su imagen, “desde el primer día cuando hicimos el levantamiento de las afectaciones, hasta la actualidad, la imagen de destrucción se transforma poco a poco en la postal de un territorio Monumento Nacional”, así lo describe Dayris Brito Sosa.

Claudia Hernandez Luque

Claudia Hernández Luque, especialista de Plan Maestro también confirma la magnitud de esta tarea: “Trabajar en la recuperación de Jaronú ha sido un reto y una oportunidad, porque por primera vez me enfrento a un proyecto así, pero hacerlo con un colectivo de trabajo tan profesional me ha dado la oportunidad de aprender mejor el funcionamiento del urbanismo”.

Pero si Claudia lo valora como reto, la arquitecta Elizabeth Santana Sánchez afirma que ha sido una experiencia personal enriquecedora: “ver las condiciones en que quedó este lugar después del desastre natural me dio fuerzas y ganas de trabajar para ayudar rápidamente a las personas damnificadas”. Su participación en los proyectos de las viviendas que sufrieron derrumbes totales, así como en el replanteo y ejecución de un parque, supusieron “el aliciente del pequeño grano de arena para que este pueblo recupere su vida cotidiana”.

Porque el amor y la humanidad colman estos jóvenes corazones, para la ingeniera civil Dayana Gutiérrez Pich, con diez meses de graduada “lo que más conmovió fue la desesperación de las personas y la situación de sus viviendas, muchas quedaron sin nada; sentí el dolor humano, así que cuando los habitantes se me acercaban pidiendo ayuda, tenía que actuar de inmediato, fue un reto porque al tiempo que aprendía estaba obligada a hacer todo bien y rápido”

Entre estas jóvenes manos, las del arquitecto Miguel Antonio Grande Rondón, ya cuentan cinco años de labor en la OHCC; pero cuando inquirí sobre su experiencia gracias a proyectos como los del Casino Campestre, Zoológico, Calle República, Casa del Chocolate y Centro de Convenciones Santa Cecilia, me aseguró que la participación en Jaronú le aportó el intercambio con especialistas, obreros y trabajadores que a pie de obra le mostraron secretos de sus profesiones. “Cuando llegué sentí la magia de un pueblo de otro siglo y ayudar a su población se siente bien, estoy haciendo lo correcto”.

Todavía no sospechan estos jóvenes lo valeroso de su aporte y aunque Claudia me recuerda “que no existe trabajo grande o pequeño, más o menos importante, porque lo que realmente cuenta es si está bien hecho”, yo compruebo con ella y sus compañeros de la OHCC, la grandeza de esta impronta joven “por cada tarea he intentado dar lo mejor de mí, para contribuir a la hermosa labor que está realizando la OHCC en este territorio declarado Monumento Nacional”.

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