En el Día Internacional de la Infancia: ¿ser niño o niña?

infancia-feliz“Mamá, si yo vuelvo a nacer quiero ser macho aunque sea perro”, así terminaba una anécdota de una profesora que tuve – feminista y luchadora por los derechos de la mujer – quien a través del cuestionamiento sobre las ventajas de ser hembra o varón, ponía de relieve la enorme desigualdad actual entre mujeres y hombres.

Hoy, Día Internacional de la Infancia, recuerdo la frase, en la cual a menudo suelo pensar y pongo en duda mi elección si me hubieran dado a escoger nacer hembra o varón.

La cuestión es que cuando somos niños y niñas, las ideas y creencias que nos formamos sobre nosotros mismos, nuestras responsabilidades y acciones; se constituyen dentro de un marco en el que la cultura, las normas sociales, las creencias y las diferentes formas de pensar median nuestras concepciones en torno al mundo.

Y como nuestra historia ha sido de hombres, y en ella las mujeres fueron invisibilizadas en su pensar y hacer; la sociedad en la que vivimos continúa transmitiéndonos creencias que colocan a las personas en posiciones desiguales a partir de su identidad de género y sobre las cuales se establecen las relaciones sociales actuales y futuras de niños y niñas.

Este proceso de aprendizaje cultural de los papeles asignados a cada uno según su sexo – que comienza al nacer – es denominado socialización de los géneros y constituye uno de los aspectos más importantes en esta etapa de vida.

Cuando elegimos ropa azul para niños y rosada para niñas, estamos sentando las bases de una formación sujeta a estereotipos de género, condicionada por el deber/ser de cada infante según su sexo (masculino o femenino). Desde el nacimiento, niños y niñas reciben un trato distinto por parte de integrantes de su entorno social, aprenden así las conductas y los roles del género, hacer “las cosas que hacen los varones” o “las cosas que hacen las hembras”.

Es precisamente en la familia donde todas estas creencias sobre el género se socializan, mostrando las pautas de comportamiento y expectativas de la sociedad y la familia. ¿Qué se espera de un niño o niña? A los varones se les dice que no deben llorar, sentir temor, ni perdonar, y que deben ser enérgicos y fuertes. A las hembras, por otro lado, se les enseña a que no sean exigentes, que perdonen, que sean complacientes y se “comporten como damas”.

A medida que niños y niñas va tomando conciencia del rol de su sexo, hacen propias aquellas concepciones sobre el ser hombre y mujer, de tal manera que desde la infancia se muestran ya las diferencias de género: es más común que las niñas ayuden en las actividades domésticas y que los niños tengan responsabilidades de mayor independencia, incluyendo el cuidado, protección e incluso corrección de sus hermanas.

Así, la postura infantil ante los diferentes estereotipos y mitos respecto al “ser hombre” y “ser mujer”, se ve ya reflejada desde sus primeros años. De esta forma crecen y aprenden a comportarse acorde con las creencias, valores, actitudes y ejemplos de las sociedades en que viven; bajo normas que definen lo “masculino” y lo “femenino”.

Es indudable que esta concepción es influida por la experiencia concreta del entorno familiar; las pautas de relación entre padre y madre y sus roles en la organización familiar, las propias demandas hacia hijos, todo lo cual ofrece un marco de referencia bajo el cual se conciben y validan los diferentes estereotipos de género.

¡Pero cuidado! Curiosamente, en la infancia se tienen ideas completamente distintas: la concepción de género en niñas y niños apunta hacia una valoración de igualdad entre mujeres y hombres; sin embargo y lamentablemente, la distribución de roles, características y actividades conserva aún una diferencia marcada por las pautas culturales prevalecientes.

El real problema es que esta situación trasciende la edad y los papeles asignados en función del género durante la infancia devienen fuentes de discriminación. En muchas partes del mundo, las niñas son discriminadas en materia de cuidado, educación, atención de la salud y alimentos que reciben, lo que les lleva a creer que merecen que se les trate de manera diferente a los niños.

Por ejemplo, aunque se sabe que no recibir instrucción primaria impide a las niñas la oportunidad de desarrollar todo su potencial, en el mundo en desarrollo, sólo el 43% de las ellas acuden a la escuela secundaria, pese a que investigaciones indican que las mujeres con educación tienen menos posibilidades de morir y más de enviar a sus hijos e hijas a la escuela.

Una encuesta de UNICEF en países seleccionados de América Latina, el Caribe, Asia meridional y África subsahariana descubrió que, como promedio, la descendencia de las mujeres que no han recibido una educación tiene por lo menos el doble de probabilidades de no acudir a la escuela primaria que niños y niñas cuyas madres sí recibieron instrucción.

Pese a que la sociedad actual promueve la idea de respeto e igualdad, tal noción no llega a diferenciar la desigualdad de actividades, roles y responsabilidades que ambos sexos “deben” asumir. Es necesario que la idea de igualdad que se transmite a la niñez, se acompañe de una transformación real y coherente con la división de los comportamientos concretos que se atribuyen a cada uno de los sexos.

Hoy, Día Internacional de la Infancia – 24 años después de mi nacimiento – yo escogería ser mujer nuevamente, para promover desde mi cotidianidad una adecuada educación para la primera infancia, base sólida del futuro de una persona y por tanto de la humanidad; para luchar por un mundo donde hombres y mujeres se perfilen hacia una sociedad de igualdad, equidad y justicia.

Guardar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *