Educación ciudadana: retos actuales

dsc07860Es común escuchar a diario que se han ido perdiendo los hábitos de conducta social y por ende, degradando los valores en nuestro país. En la calle y en los transportes públicos las personas hablan en voz alta, muchas no piden permiso, disculpas o dan las gracias; se comportan agresivamente, usan ropas inadecuadas para determinados establecimientos o espacios públicos, ponen música alta…

La necesidad de interactuar y convivir determinó que se establecieran determinadas normas capaces de lograr equilibrio entre intereses individuales y sociales. De no existir o no ser cumplidas por la ciudadanía, varios conflictos harían insostenible la vida en colectivo.

Los hábitos de conducta social son conservados, transformados y trasmitidos de generación en generación. Ellos constituyen modos de actuar, formas de cortesía y respeto, manifestaciones de la cultura, que se han asentado sólidamente en nuestra conducta.

Sin dichas normas de convivencia ciudadana, actos cotidianos como tomar un ómnibus, comprar un periódico o pasear por las calles de nuestras ciudades se verían amenazados por la actuación o comportamiento desordenado de individuos.

El desarrollo del sentimiento de lo nuestro como identificación de aquello que es fruto del esfuerzo colectivo es fundamental dentro del socialismo. Destruir lo que el pueblo trabajador construye para nuestro disfrute o permitir que alquien lo haga, así como apropiarse en beneficio personal de lo ajeno, refleja deshonestidad, egoísmo y falta de solidaridad entre otras conductas censurables.

Escribir en las paredes, tirar las puertas, rayar los mobiliarios, maltratar libros, reflejan mala educación y ninguna sensibilidad ante el esfuerzo que hace el pueblo para ofrecer educación a niños, niñas, jóvenes y personas adultas.

También forma parte de estas conductas inapropiadas el empleo de medios para fines particulares ajenos al uso colectivo que tienen asignados y el uso de bienes personales sin la autorización de sus dueños.

La educación desempeña un papel esencial en la posibilidad de que estas normas de convivencias establecidas sean respetadas. La familia y la escuela son los primeros escenarios para lograrlo y la sociedad en su conjunto contribuye de forma decisiva a que sea posible su existencia y cumplimiento.

Parte indisoluble de una adecuada formación ciudadana lo constituye el conocimiento de las normas fundamentales de comportamiento en diferentes escenarios, el dominio del sistema jurídico y de la estructura de gobierno que existe en el país y la capacidad de resolver los conflictos de la vida sobre la base de una cultura de paz.

Por otra parte es indispensable la comprensión de que la formación ciudadana a que aspira el pueblo cubano es reflejo de la cultura ética y el patriotismo resultado del proceso histórico por él vivido.