El Chorrito

img_6376Por Fernando Crespo Baró(Investigador de la oficina del Historiador)

Pocos conocen de la historia del restaurante-cafetería ubicado en la calle Salvador Cisneros, esquina a Hermanos Agüero. Ya nada queda a vista de la fisonomía del caserón del siglo xix señalado con el nro. 14 y 12 ½ y sus tres habitaciones a la calle San Ignacio.

Casi nadie sabe que no sería hasta la siguiente centuria que la casona recibió las primeras acciones constructivas para borrar su aspecto arcaico, con el fin de su adaptación a «establecimiento del giro de Café y Cantina titulado El Chorrito», obra a cargo del arquitecto Eduardo Arango Mola, el 28 de abril de 1928. Concluidas las labores su propietario español Vicente López López abrió las puertas el 1ro. de diciembre de 1932, e incorporó una taquilla para la venta de bonos de la lotería nacional.

El Chorrito ganó mayor connotación por su vecindad, entre otras edificaciones, al Palacio de Justicia (en su sede histórica de la Real Audiencia), al Gobierno Provincial (en una de las secciones del antiguo Colegio de la Compañía de Jesús), a la Sociedad Española (actual Centro Provincial de Casas de Cultura) , y más distante el Ayuntamiento.

Pasados dos años, el 17 de mayo de 1934 el establecimiento fue vendido al comerciante natural de Cantón Pascual Wong Janchung quien en unión de sus hermanos Julio, Julián y Manuel y Martín Hung constituiría la Sociedad Mercantil Pascual Wong Janchung. El 25 de febrero de 1937 pasó a Martín Hung y Julio Wong. Finalmente Paulino Wong llevaría adelante el café-cantina, desde el 8 de abril de 1947.

Por muchas décadas ―casi a la par de la cantina-cafetería La Cubana (luego Mogambo) adquirida por los chinos Rafael, José y Luis Ley, Mariano Chong y Manuel Eng―, dada su ubicación y calidad de las ofertas, El Chorrito se convirtió en uno de los lugares preferidos de la familia camagüeyana. Tras el triunfo revolucionario continuó prestando servicios hasta su nacionalización en 1962.

Sin embargo, en el imaginario popular perduraría el recuerdo de los platos criollos salpicados por las especias e ingredientes del arte culinario del «celeste imperio», como solo los chinos solían hacerlo. Tal era su fama que en su juventud, Nicolás Guillén evocaría con placer a ese «[…] sitio que llegó a ganar grande notoriedad entre los políticos de antes de la Revolución, llamado El Chorrito, por el café que se suponía estaba siempre corriendo allí para el despacho público».

Después de su remodelación en mayo de 2013, con nueva oferta gastronómica, obliga el aroma del grano tostado a imitar al poeta nacional saboreando un chorrito de café, en un ámbito urbano paradigmático que forma parte de la zona declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

 

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