El legado de un guerrillero por siempre heroico

Por estos días de jornada en que Ché y Camilo marcan los minutos, las horas y los días de nuestra cotidianeidad un artículo de la investigadora Anisleidys Rodríguez García toca a la puerta.

En 1965, cuando el Che entendió que la Revolución Cubana podía prescindir de su presencia, salió de Cuba argumentando que otras tierras del mundo requerían el concurso de sus modestos esfuerzos dejándole a nuestro comandante Fidel Castro una conmovedora carta de despedida…

Siento que he cumplido la parte de mi deber que me ataba a la Revolución Cubana en su territorio y me despido de ti, de los compañeros, de tu pueblo, que es ya mío… Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba, y llegó la hora de separarnos…

Aquí dejo lo más puro entre mis esperanzas de constructor y lo más querido entre mis seres queridos… En los nuevos campos de batalla llevaré la fe que me inculcaste… Que no dejo a mis hijos y a mi mujer nada material y no me apena; me alegra que así sea… las palabras no pueden expresar lo que yo quisiera y no vale la pena emborronar cuartillas… Te abraza con todo fervor revolucionario”.

El Che sale clandestinamente de Cuba sigue un itinerario desconcertante y llega a Bolivia. Bautizando el movimiento con el nombre de Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, a pesar de las deficiencias del ejército boliviano, su superioridad numérica es aplastante: hay miles de hombres que siguen paso a paso a los guerrilleros, que conocen sus planes y logran cercarlos, mientras los aviones bombardean constantemente sus campamentos.

Las heroicidades se suceden, pero también las muertes irreparables en combate. El 8 de octubre, en la Quebrada del Yuro, se bate con fiereza el pequeño grupo guerrillero. Herido en una pierna, al Che le inutilizan la carabina y se le agotan las balas de su pistola; momentos después choca con el ejército y cae prisionero. Al día siguiente, 9 de octubre de 1967, es asesinado fríamente por órdenes de las autoridades norteamericanas y del gobierno de Bolivia.

Hoy a 50 años de este hecho las amplias y verdes llanuras de Camagüey están marcadas por la huella que dejó en ellas el Comandante Ernesto Che Guevara. La primera vez que el guerrillero internacionalista pisó tierra camagüeyana, fue en la noche del 7 de septiembre de 1958, al mando de la Columna Invasora No .8 Ciro Redondo.

Tenía la misión de Fidel Castro de llegar, desde la Sierra Maestra, lo más pronto posible al lomerío del centro de la Isla para extender hacia el occidente la guerra de liberación. En octubre de 1961 asistió inesperadamente en la ciudad de Camagüey a un ciclo de conferencias para funcionarios y los Consejos Técnicos del Ministerio de Industrias.

En esa ocasión pronuncia palabras que trascienden: “Hay que elevar el nivel cultural y técnico de toda la clase obrera como otro de los imperativos de este momento en que vivimos. ¡Produzcamos! ¡No repartamos la miseria!”.

En 1963 regresa a Camagüey enfrascado en impulsar la mecanización de la cosecha de la caña y labora durante varios días en los cortes con un prototipo de cosechadora, en macizos cañeros de centrales de la zona norte de la provincia.

Durante esos días inaugura una fábrica de alambre de púas en Nuevitas, ciudad que cuenta con un importante puerto, y su principal renglón económico es la pesca de plataforma. Este hecho ha quedado marcado para siempre en la historia de este norteño municipio al norte de Camagüey que lleva al Che como ejemplo en todo su proceso de producción industrial.

Mientras que los camagüeyanos y cubanos todos nos sentimos comprometidos a cumplir con ese ejemplo de revolucionario que nos transmitió el Che y por eso cuando de pequeños decimos ¡Seremos como el Che! es un compromiso para ser mejores cada día.

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