En defensa de la historia

M.S.c. Mabel Aladro Ruiz. (Colaboradora)

¿Recuerdan el libro de “Había una vez…´´, tan útil, instructivo, educativo y que tantas ediciones se han hecho en nuestro país por varias Editoriales?; estoy segura que los que peinamos canas contamos y cantamos a nuestros hijos, sobrinos, o simplemente vecinos o niños conocidos sus historias y canciones, y tal vez, las actuales  o anteriores generaciones son capaces de conocer y apreciarlas.

Pues sí, adivinanzas, cuentos, canciones, poesías, por todos estos “géneros´´, para llamarlos de algún modo, está compuesto este libro, pero no precisamente sobre él quisiera hablar hoy, no, es otro mi propósito, pero claro, verán que guarda relación con él.

Los niños y niñas, como se dice ahora, cuentan en sus escuelas en los distintos grados y niveles de enseñanzas, con diferentes asignaturas y materias, que desde muy pequeños los enseñan a conocer el “mundo en que vivimos´´, y desde luego, la historia, no solo la de nuestra patria, sino también la local, importante asunto que, al decir de alguien que confieso ahora mismo, no recuerdo dijo algo así como“…el que no conoce su historia está obligado a vivirla nuevamente´´; pues sí, ese es el tema que hoy quisiera comentar.

Por razones ajenas a mi voluntad no pude participar en la pasada Asamblea de Balance de la Unión de Historiadores de Cuba(UNHIC),en nuestra provincia y de la cual soy miembro hace ya algunos años, pero leí lo tratado en ella y se además los esfuerzos y dedicación con que se trabaja y con la vehemencia que se defiende la enseñanza de esta materia y con el amor y entrega que muchos de ellos lo hacen, pero, haciendo un “examen de conciencia´´,¿ podemos hablar de que todos los maestros y profesores que imparten la Historia lo hacen con el mismo rigor, amor veracidad y apasionamiento con que se defendieron y expusieron tantas valiosas intervenciones en dicha Asamblea?.

De eso se trata mi reflexión, de procurar que la práctica sea verdaderamente el criterio de la verdad como afirmaron los clásicos del Marxismo, porque necesitamos profesionales más entregados y auténticos que enseñen realmente quienes fueron y que aportaron las figuras más representativas del Camagüey, las de las Guerras de independencia y las de la más reciente, para que cuando algún niño oiga el nombre que lleva su centro escolar sepa decir quien fue, cuáles fueron sus aportes a esta sociedad y se sientan orgullosos de formar parte de ella.

Desafortunadamente no siempre nos encontramos con estos niños que conocen y saben identificar a esos hombres y mujeres que con su grano de arena, grande o pequeño, dejaron un legado a nuestra patria o a nuestra provincia o ciudad.

Por eso comentaba hace solo unos días con algunas compañeras de labor, que no basta con darle a nuestros muchachos ropa linda y ajuares vistosos, necesitamos algo mucho más importante…, y fue allí donde me vino a la memoria una de esas poesías cortas, pero muy ilustrativa y genial que en ese libro, que tanto le leí a mis hijos y del cual comencé hablando en este comentario, aparece y que comparto con ustedes hoy para cerrar mi reflexión:

“Conozco una niña sumamente bella,

tiene ojos azules, manitas de seda,

pero, dice “haiga´´ y “enconde´´ y “aguela´´,

pobrecita niña, tan linda y tan fea!´´