En defensa de nuestras conquistas

Un valioso aporte de la Revolución Cubana a la experiencia de las revoluciones nacional-liberadoras y socialistas triunfantes, constituyó la creación de un organismo peculiar: los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Concebidos en septiembre de 1960 como comités de vigilancia ante las actividades terroristas del enemigo, sus funciones se fueron ampliando y se convirtieron en un poderoso auxiliar de la Revolución en todos los frentes.

Se constituyeron oficialmente en Camagüey en el hoy Museo Ignacio Agramonte, el primero de noviembre de 1960, de forma entusiasta se crearan organismos de base de esa organización de masas en centros de trabajo, zonas y cuadras.

Creados para la Defensa de la Revolución, agruparon a la mayoría del pueblo y asumieron importantes tareas que se multiplicaron en la medida que las necesidades del país así lo requerían. Al igual que en el resto del país en el territorio camagüeyano se apoyó y brindo información a la policía y el G2 para impedir que los elementos contrarrevolucionarios, actuaran en apoyo al desembarco de Girón.

Eso fue resuelto en tiempo record y tuvo un peso contundente para garantizar nuestra retaguardia. El desarrollo de movilizaciones hacia la recogida de algodón, de frutas y las zafras azucareras., así como su accionar frente a sabotajes a puntos importantes de la economía.

Fue importante la labor desplegada en momentos de catástrofes tales como  el paso del ciclón Flora en octubre de 1963, la proximidad del huracán Inés en 1966 y las lluvias intensas de 1969.

Aunque la misión fundamental de los CDR era la vigilancia contra la posible actividad del enemigo en el pequeño radio de acción de cada comité, pronto comenzaron a asumir otras tareas: velar por la limpieza e higiene de su cuadra o zona; colaborar con el Ministerio de Salud Pública en las campañas de vacunación masiva, captación de donantes de sangre, control de epidemias, etc.; preocuparse por la asistencia y el aprovechamiento de los estudiantes del área en sus centros docentes, organizar la recuperación de materias primas útiles a la industria; ayudar al levantamiento de los censos de población y viviendas y a otras investigaciones demográficas; contribuir en el aspecto organizativo, al buen desenvolvimiento de los procesos electorales, garantizar la discusión libre y democrática, por toda la población del área, de las medidas fundamentales proyectadas por el gobierno de la nación; auxiliar a la Policía Nacional Revolucionaría en el control de la delincuencia, y otras actividades.

Las labores de trabajo político – ideológico marcaron hitos de mayor interés en las discusiones de las tesis y resoluciones del I, II y III Congresos del Partido, y la Constitución de la República, el Código de Familia, de la Niñez y la Juventud, Resoluciones sobre la economía. Además, fueron objeto de debate  los documentos correspondientes a los Congresos de los CDR (el 1º en enero de 1977, 2º en 1981 y 3º en 1986.[1] De forma sistemática se efectuaron círculos sobre otros temas variados. Por lo general, el Secretario Ideológico dirigía estos debates que se celebraban con regularidad y eran objeto de chequeos del organismo superior y de análisis en las asambleas de balance.

Las marchas del pueblo combatiente efectuadas desde abril de 1980 fueron un verdadero ejemplo de la capacidad movilizativa de los CDR. Igualmente puede apreciarse ésta en la incorporación a las Milicias de Tropas Territoriales  y la plena disposición al sostenimiento material de las mismas con el aporte popular, y de igual manera las celebraciones de actos nacionales: el del 26 de julio de 1977 y de 1989, así como  la inauguración de la Fábrica de Cerveza en 1985.

No se descuidaron otras acciones como la atención al desarrollo de la educación mediante una iniciativa de la provincia: los Círculos de Ayuda Escolar, consistentes en la implementación de repasos para asegurar la promoción en primaria y secundaria.

La higienización fue también una tarea constante en estos años, desde la limpieza de contenes y zanjas hasta la pintura y embellecimiento de los barrios, de igual forma la labor de convencer a la población de la importancia de la vacunación y fumigación para exterminar los vectores, las donaciones de sangre que convirtieron a Sibanicú en el primer municipio de Cuba en 1989 en obtener una donación voluntaria por cada 20 habitantes.

A estas acciones se debe agregar lo referente a la donación de órganos de caso de muerte accidental, movimiento que se inició en 1982.[2] Además de muy importante fue la labor desempeñada por los CDR en la base, en el control del libro de Registro de Direcciones, la realización del censo y los procesos de rendición de cuentas y eleccionarios del Poder Popular.

Así, toda la población de Cuba quedó agrupada en miles de comités, cada uno de los cuales atienden a una zona pequeña, generalmente de menos de cien personas, convoca reuniones periódicas con ellas, discute colectivamente sus problemas y tiene una dirección elegida democráticamente todos los años.

Estas peculiaridades hacen posible que los CDR cumplan exitosamente tareas tan disímiles y los convierte en una de las organizaciones más provechosas para el país y más odiadas por el enemigo.

Los Comités de Defensa siendo una organización heterogénea la mayor de las masas en el país lograron cohesionar a todos e impulsar  las tareas aún en los momentos más difíciles. Constituyen la organización de masas más amplia y nutrida del país. Se crearon en cada cuadra de todas las ciudades y en cada zona campesina, englobando a todos los ciudadanos de catorce años o más, independientemente de sus ocupaciones, ideología, sexo, raza, ellos resultan sin dudas una organización vanguardia de las defensas de nuestras conquistas.

 

[1] Material elaborado por la Dirección Provincial de los CDR. Publicaciones Ligeras Camagüey 2005.

                  [2] Material elaborado por los CDR Provincial. Historia de los CDR. (Inédito),  Camagüey, 2005, p.4.