Historia de palmas en Jaronú

Un amigo sonreía siempre que me escuchaba pronunciar los nombres científicos de las plantas, me hubiera gustado mucho mirarlo ahora leer esta historia y hacerlo decir varias veces Roystonea regia. Ojalá estuviera cerca, ojala pudiera saber qué opina de esta historia de palmas reales, de huracanes y de gente de campo.

Mario Bernardo Corona, es el Jefe de brigada de mantenimiento a la jardinería que se encarga de plantar las 28 palmas que el huracán Irma arrancó sin piedad del parque de Jaronú. Si algo sé de botánica es lo difícil que se hace sacar de su medio natural a un individuo para llevarlo a un lugar totalmente diferente. De ahí mi interés por conocer cómo este grupo de hombres se las ingenia para sacar tantas palmas desde los más inverosímiles parajes hasta el batey.

Al tercer día, luego del paso del huracán, ya Mario y su equipo estaban evaluando los daños y al día siguiente comenzaron a trabajar. “Sin dudas lo más difícil es sacar palmas de 7 a 8 metros en lugares en los que primero hay que abrirse camino a golpe de hacha y machete, sitios intrincados donde la vegetación no esté dañada por el ciclón. Se motea el ejemplar, que no es más que hacerle una zanja alrededor, luego se saca de la tierra y entonces se traslada”.

Diecisiete hombres de esta brigada siembran las nuevas palmas justo donde estaban las otras. “El hueco en el que se plantan es de un metro de profundidad con un poco más de ancho, para tener más espacio en el que maniobrar para que queden alineadas como antes. Las palmas no son totalmente rectas, algunas tienen vueltas y esas hay que ir girándolas hasta que queden pareja con las otras y así se vean agradables a la vista, en una línea recta.”

La palma real, Roystonea regia, es una especie muy utilizada con fines ornamentales, su altura, su porte, su elegancia realza cualquier sitio en el que se plante. De igual forma deviene símbolo de los campos cubanos, no solo porque es nuestro árbol nacional sino porque transmite fuerza y perseverancia. De ella hemos aprendido los camagüeyanos a crecernos cuando la naturaleza nos azota.

Mario no es biólogo, ni agrónomo, es solo un hombre de campo que ha ido creciendo a la vez que la naturaleza se le hacía tan suya como su propia sangre. De ese conocimiento de siempre, Mario supo que respetar la palma a la hora de sacarla de la tierra era la mejor manera de hacerla sobrevivir porque mientras menos sufra más rápido se acostumbra al nuevo lugar. De todas formas, para garantizar el éxito, le ubica tutores de madera para mantenerlas firmes y que no se muevan. Su sistema radicular fue cercenado por lo que se riega todos los días y así la planta sufre menos, se riega por la mañana y por la tarde en los días que no llueve.

“No descansaremos hasta que el parque de Jaronú luzca perfecto, mejor que antes del paso del huracán Irma. Ha sido un trabajo muy difícil pero tenemos la batalla de las palmas bastante vencida.” Son las últimas palabras de Mario para mí; una taza de café en sus manos y una sonrisa de guajiro bonachón es la imagen que conservo de este hombre.

Ahora pienso en mi amigo, sí, me gustaría mucho que leyera esta historia y me soltara alguna de sus tristezas. Yo le ripostaría con el consabido Roystonea regia y le añadiría esta pregunta ¿Sabes que regia viene del latín rēgia y significa real, de Rey? Entonces sé que sí reiría a pierna suelta y empequeñeciendo su mirada me diría “eres tan léxica”. Mi amigo ya no está pero me gustaría seguir contándole estas historias, de palmas, de gente, de huracanes, de proezas, de la vida.