Imperdonablemente permitido

img_1815Si pidiéramos al pueblo camagüeyano que mencionara al menos un dato de la vida y obra del músico José Marín Varona… ¿responderían? Incluso estudiantes y profesionales – pensando elitistamente – dudarían. En cambio la Avellaneda, González Allué, Nicolás Guillén, Aurelia Castillo, serían nombres que enseguida recordarían.

No digo – mi condición camagüeyanísima me lo impide – que estas personalidades sean menos o más que Marín Varona. Pero indudablemente estamos hablando de un importante compositor, director, pianista y pedagogo cubano.

Sus canciones revelan una hibridación hermosísima entre la música popular y la de concierto, moviéndose con naturalidad pordistintos géneros, con obras para canto y piano, banda, zarzuelas y operetas; “desde el alegre pasacalle, de origen español, y la melancólica canción cubana, hasta la obertura militar para gran banda”.

Sin embargo, a pesar de su diapasón musical tan profuso, esincuestionable que los cantos populares de nuestro terruño fueron su mayor éxito, incluso varios escritores lo definen como compositor nacionalista, “de él podríamos decir, parafraseando a Martí, que supo injertar la estética del romanticismo musical europeo en el tronco del acento nacional”. Sin dejar de mencionar que de su repertorio bebieron importantes músicos y compositores cubanos como Gonzalo Roig y Ernesto Lecuona.

Pero tal ha sido el olvido imperdonable que el Conservatorio de Música en Camagüey lleva el nombre de José White, excelente músico, pero no camagüeyano.

Salta la indignación –en casa del herrero cuchillo de palo – por no mencionar que sus obras nunca más han vuelto a editarse, sus composiciones son escasamente divulgadas y su nombre no aparece en múltiples textos cubanos sobre la música, cuando contradictoriamente – y para dignificar al maestro –el tomo IX de “La mejor música del mundo” recoge cinco de sus piezas y en su prefacio puede leerse: “Otro de los maestros que es imposible no dejar de mencionar por su talento y erudición es José Marín Varona. Camagüeyano ilustre que supo laborar afanoso en pro de la música de su amada tierra y que escribió páginas de verdadera inspiración“.

Cabe mencionar que a través de su fructífera vida, la consagración a la música le hizo acreedor de diversos premios y distinciones, nacionales e internacionales, en París, Estados Unidos, Venezuela y Cuba. Sin embargo, a pesar de esta prolífica vida, José Marín Varona todavía es desterrado al olvido de su tierra natal.

Y para más orgullo,Marín Varona se vio obligado a exiliarse en Cayo Hueso, Estados Unidos, por ser un decidido partidario de la causa independentista y recibir amenazas del gobierno colonial español.

En sus años de exilio continuó sus actividades musicales ofreciendo funciones a favor de la causa independentista y colaboró con varias publicaciones locales a través del periodismo y la crítica de música.

Regresó a Cuba en 1899 y tras la proclamación de la República en 1902, fundó y dirigió la Banda del Estado Mayor del Ejército, y posteriormente, en 1905, la Banda del Cuerpo de Artillería, para las cuales escribió y arregló música patriótica como los himnos Tributo al Maine, Himno para el Yara, Huérfanos de la Patria, Gobernador Magoon y La Independencia, entre otras.

Fundó la revista Cuba Musical, fue profesor del Conservatorio Municipal de La Habana, miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras y presidente durante años de su Sección de Música y escribió un “Tratado completo de Teoría Musical”.

Este 10 de marzo se conmemoran 158 años de su natalicio. Hay que recordarlo. Hay que hacerlo saber. Tendremos que esperar a que los foráneos reivindiquen su nombre que por derecho propio nos pertenece y ha de enorgullecernos.

Por suerte la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey ha decidido, acertadamente, poner el nombre de José Marín Varona a una Sala de Conciertos que será inaugurada en abril de este año en una capilla desactivada de la calle Luaces.

Un paso que con esperanzas y trabajo ha de convertirse en continua marcha. No esperemos a que la capital del país se apropie de su imagen por el hecho de que se mudó a La Habana muy joven. Yo, desde mi cotidianidad periodística y mi camagüeyanísima alma – lo repito – no lo permitiré, pero la pregunta es ¿lo permitirán ustedes?


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