Junto a Álvaro Torres

 

Fotos: Tomadas de Internet de los perfiles de Bárbara Suárez Ávalos, Isa Gonzalez ,Yosy GL

En esta ocasión no estuve en las primeras filas como acostumbro en cada suceso, no tuve la oportunidad de entrevistarlo, ni de tomarme una foto para enseñársela a mis nietos. La emoción de este concierto se centró en disfrutar como lo hace un ciudadano común de las bondades de vivir en una ciudad como la nuestra, con tanta historia que contar, con tanto sentimiento; ese que enamoró a uno de los hombres más románticos de Latinoamérica, quizás uno de los pocos que aún le canta al amor y al desamor con la misma pasión: Álvaro Torres.

Sé que miles serán las crónicas o los testimonios de quienes acudieron a la Plaza de la Revolución para disfrutar de esta oportunidad de lujo que se nos regaló a todos los camagüeyanos. Sé además que videos, fotos y canciones transitan hoy por cada hogar para seguir compartiendo la experiencia; pero aun así quiero compartir la mía.

Primero la noticia corrió como pólvora: ¡“Álvaro Torres estará en Camagüey”! Claro que iba a asistir, aunque la duda surgió: ¿será verdad? Acercándose la fecha pactada para el concierto descubrí en la red de redes que el cantante cumpliría una promesa que le había hecho a la presidenta de la Asamblea provincial del Poder Popular de presentarse en Camagüey, allí fue cuando tuve la certeza que la presentación se daría como merecía el cantautor y todos los camagüeyanos, porque Isabelita como todos la conocemos, trabaja a diario por el bienestar de los que habitamos en esta tierra de El Mayor.

Álvaro Torres con su característica sencillez compartió, desde el primer momento que tocó tierra agramontina, con el pueblo, visitó lugares de interés en la provincia pertenecientes en gran parte a la Oficina del Historiador, entre ellos: el Centro de interpretación de la ciudad y Príncipe audiovisuales; pero sin dudas uno de los momento más emotivo de su estancia en la urbe fue el que compartió en pleno concierto con la niña Laura Roldán, quien le había pedido en una nota el tema musical “Chiquita mía”, el cual le dedicó con la mayor de las emociones.

Sin dudas está canción encierra un sentimiento de amor tan profundo que cualquier padre quisiera dedicárselo a su hijo, por eso pensé tanto en la mía quien con solo dos años y medio quería acompañarnos a mí y al papá para escuchar esta linda composición que canta de memoria.

A  pesar de la euforia por entrar, las personas que te arrastraban en una ola gigante como en los mundiales de futbol, en vez de uno mismo caminar hacia la puerta, de llegar todo sudado y despeinado al interior de la Plaza, aun así; con tantos contratiempos que al final son propios de nuestra manera de ser, lo que puedo asegurar es que resultó un momento único, en el que compartí lágrimas, recuerdos, amor y hasta grité: ¡Otra…! ¡Otra…!

 Con este concierto regresé a los tiempos de la universidad en los que aún no era periodista, aunque el bichito de la profesión se estaba cultivando, a los tiempos en que un lugar en el concierto valía de la misma forma, sin importar si estaba en las primeras filas.

Aunque no puedo negar que extrañé las fotos, la entrevista y ese intercambio inolvidable que se produce cuando tienes la oportunidad de compartir y preguntar; no me arrepiento, porque estuve allí, viví cada momento, disfruté de su música, lloré con la canción preferida de mi pequeña hija -que en ese momento dormía en casa-, grabé las que marcaron la vida de mis padres, fui parte del coro, sentí como cualquier otro espectador la alegría del momento junto a Álvaro Torres.

 

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