178En las fronteras donde la libertad y lo estricto comulgan, la arquitectura desborda espacios; ella es seguramente – palabras de un sabio – la literatura congelada. Acto de alumbramiento: decir y escuchar entre el tiempo, los cimientos y la inspiración.

Acercándonos a uno de sus hacedores, el Dr.C. Henry Mazorra Acosta, descubrimos – solo un poco – algunas señales de este arte, a través de una entrevista al arquitecto camagüeyano.

L: ¿Cuáles son los grandes problemas de la arquitectura cubana?

H: Los grandes problemas que tiene la arquitectura cubana hoy los enunció Mario Coyula en el “Trinquenio amargo”.

Allí, entre tantas otras, menciona dos cuestiones fundamentales:

La primera, valoración del arquitecto como profesional, persona formada para resolver los problemas de la arquitectura. No se visualiza en Cuba a esa personalidad del arquitecto, ni se le otorga la responsabilidad de resolver cuestiones arquitectónicas. De hecho, hoy el arquitecto en Cuba no tiene una vía de creación arquitectónica individual; en el caso de la vivienda existen los arquitectos de la comunidad, una institución gubernamental creada para tales fines; pero en otros casos todo debe diseñarse a nivel institucional en respuesta a empresas de proyectos.

El segundo punto es que el dinero de los inversores, en el caso particular de la vivienda, están en una clase económicamente solvente a partir de circunstancias muy específicas de la sociedad cubana y no son precisamente las personas con una formación cultural que les permita entender que sus inmuebles deben ser diseñados por un arquitecto a partir de ciertas pautas y criterios estéticos y culturales. En cambio, esas personas desde su propio poder económico marcan sus patrones a partir de lo que consideran una arquitectura de valor, ostentosa, reflejo de su estatus económico y de esa forma proyectarse socialmente.

L: Ese nuevo grupo emergente con poder económico que como dices no advierte la necesidad de profesionales de la arquitectura para restaurar, construir o remodelar su vivienda o negocio, hace que veamos como grave peligro la mercantilización del Centro Histórico de Camagüey a partir de estéticas muy diferentes…

H: Ese es problema justamente: la falta de un arquitecto en muchos de los proyectos de estos negocios. Explotar mercantilmente el Centro Histórico debe dar un buen resultado si es llevado por las buenas vías. Profesionales detrás de esas decisiones conducen a soluciones exitosas, de hecho hay experiencias internacionales que demuestran la factibilidad de llevar en paralelo los valores de la ciudad con la actividad comercial. El problema es la toma de decisiones arbitrarias por quienes invierten.

L: Si esa mercantilización es excesiva, si son desplazadas de zonas históricas aquellas actividades cotidianas de los habitantes que valorizaban culturalmente dichos espacios ¿Perderemos valores intangibles, tradiciones, costumbres de la ciudad?

H: Sí, claro. Ese peligro es ya reconocido y está latente cuando llega el turismo. Aunque desde una mirada más joven existe la visión utópica de no dañar nada, la vida demuestra que no puedes detener el incremento del turismo y fomentarlo te lleva consecuentemente a ese tipo de fenómeno.

¿Cómo lo veo yo? Controlarlo de la mejor manera para que no ocurran barbaridades, con tal de que no borrar tradiciones de esos ambientes. Para eso hay estructuras en Cuba, que pese a su funcionamiento siempre pueden aportar. Lo cierto es que no hay que temerle al turismo, porque es inevitable. Lo que vive ahora Cuba ya lo han vivido muchísimas ciudades latinoamericanas con experiencias malas y buenas, en el patrimonio tangible e intangible.

L: En ese sentido, en Cuba, ¿cuándo puede hablarse de un interés hacia la preservación del patrimonio arquitectónico?

H: Siempre existió por parte del Estado, que tenía los mecanismos y las instituciones creadas para velar por la protección y preservación del patrimonio. Pero solo desde la experiencia de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana con Eusebio Leal al frente es que hay una proyección clara de inversión sobre ese patrimonio edificado que se deterioraba cada vez más, en función de gestionarlo, o sea, con una mirada a largo plazo que fuera dando dividendos utilizados al mismo tiempo para continuar recuperando el patrimonio edificado.

Antes de la experiencia de Eusebio Leal en La Habana, existían las instituciones de Patrimonio en cada provincia con sus brigadas de reparación que tenían muy poco alcance sobre el patrimonio construido, solo con acciones muy puntuales. Con Eusebio Leal hay una proyección extendida sobre un área reconocida como patrimonio y con planes de gestión e inversión con mirada hacia el futuro. Luego de esta exitosa gestión empiezan a replicarse en las provincias las experiencias de la Oficina del Historiador.

L: Todo el tiempo hemos conversado sobre la restauración y conservación de inmuebles patrimoniales. ¿Hay algún peligro en limitarse a esto y no propiciar nuevas construcciones en el país que pudieran significar mayor libertad creativa para los profesionales de la arquitectura?

H: No debe reñir la inversión en el patrimonio construido y los planes de nueva arquitectura. La ciudad histórica tiene que tener un plan de inversiones, reparación, consolidación y mantenimiento sobre los valores patrimoniales de las áreas más comprometidas; pero este no puede negar otro plan paralelo de inversiones en una nueva arquitectura. Realmente hay pocos ejemplos hoy, no se ven esos casos de forma tan elocuente como pueden apreciarse en los planes de la ciudad histórica.

Esto viene dado porque las ciudades históricas son el punto neurálgico donde el tema turismo tiene una trascendencia importante y es imposible negar que hoy Cuba debe cuidar, invertir y fomentar en el renglón económico del turismo. Por eso hay un destino de inversiones más importante hacia estos sectores históricos.

L: Pensando en la Academia donde se forman profesionales de la arquitectura ¿crees que a la articulación entre el sector graduado de este campo y la academia cubana, le falta un cuerpo metodológico que estreche vínculos?

H: No. La Academia está bastante bien. Hay buenos profesionales en las cátedras de arquitectura, se propicia mucho la interacción con la práctica y las metodologías para la enseñanza de la arquitectura están bastante bien estructuradas.

Sin embargo, un caso más grave es la eliminación desde hace 3 años de la prueba de aptitud para ingresar en la carrera. Las consecuencias se ven ya y esa decisión es una mirada clara a quitarle mayor personalidad y perfil al arquitecto, porque obviamente es una carrera que requiere ciertas habilidades y aptitudes para la concepción de la obra arquitectónica.

Desde el momento en que no se concibe al alumnado con ciertas dotes o facilidades para propiciar su formación y convertirlo en profesionales a largo alcance, estamos empezando mal. Allí sí hay un problema metodológico. Se está vetando la parte artística tan importante, el perfil creativo, quedando el arquitecto como un matemático o físico que calcula una simple estructura para que se sostenga y no caiga al piso. La arquitectura no es solamente eso. Sin embargo, esa decisión de quitar la prueba de aptitud apunta hacia dicha mirada.

L: En cuanto a profesionales recién graduados dentro del campo arquitectónico ¿cuánto peligro adviertes en el éxodo hacia la capital del país, el extranjero u otras especialidades afines pero no dentro del sector?

H: Mucho. El éxodo es triste desde cualquier profesión. Lo veo y es fuerte dentro de la arquitectura. Si se hiciera un análisis estadístico de los arquitectos que se gradúan y los que finalmente se van del país o se dedican a otra cosa, sería un porciento muy grande. A veces ni terminan la carrera. Es la realidad en Cuba, un fenómeno social.

L: Entonces ¿qué futuro le auguras a la arquitectura cubana?

H: Arquitectos tiene que haber. Pero en que existen en Camagüey veo un interés por crear espacios para debatir, analizar, encontrarse. Aunque queden pocos, siempre existe algo bueno, algo no tan bueno y algo malo y se convive con todo eso.

Me preocupa más el aprovechamiento de esos profesionales que quedan, por el alto nivel de improvisación que existe hoy en Cuba para la inversión. Si hubiera que agregarle algo a Coyula – y no estoy seguro que no lo mencione en el artículo – es el alto grado de improvisación de las inversiones, las decisiones son de ahora para ahorita y el proyecto lo queremos para menos que ahorita; en la producción arquitectónica es muy dañino.

L: Último consejo para quienes estudian la arquitectura

H: “Debes amar la arcilla que va en tus manos…” Dedícate a lo que te apasiona en la vida, porque en la arquitectura debes amar definitivamente lo que estás haciendo para generar algo realmente valedero. Tiene que correrte por la venas, si no, no pierdas el tiempo, la carrera no se acaba en los cinco años… siempre estarás aprendiendo.

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