7Annelis lo dijo: Somos una gran bolsa. Adentro están todos los componentes que van conformando nuestra identidad de género, un proceso de construcción histórico sociocultural de las diferencias entre hombres y mujeres, más sencillo: aquellos roles que la sociedad nos asigna al momento de nacer según nuestro sexo y que por tradición son excluyentes, discriminatorios y estereotipados.

Es acertado pensar que hoy nuestro género se forma como una gran bolsa. Desde la planificación de la canastilla rosada para niñas y azul para niños, empezamos a crear un mundo donde ser, actuar, pensar y sentir dependerá de las normas, creencias y valores que cada cultura ha definido para cada sexo.

La diferenciación social que establecemos entre niñas y niños al asignarles tareas diferenciadas concebidas socialmente para uno u otro sexo – cocinar o arreglar un auto – determinan inclinaciones profesionales y por tanto diferenciaciones económicas futuras, como el hecho de que la mayoría de las mujeres ganan entre 10 y 30 % menos que los hombres por trabajos iguales y en América Latina y el Caribe 1 de cada 3 mujeres no tienen ingresos propios.

Estos elementos simbólicos y sociales que determinan los roles asignados y asumidos de forma diferenciada por hombres y mujeres en la sociedad,caen uno a uno dentro de la gran bolsa; convirtiéndose en estereotipos de género transmitidos de generación en generación y que sirven de soportes a las desigualdades.

Y¿Quiénes cargan esta gran cartera? Los estereotipos de género no solo afectan a las mujeres al subvalorarlas, propiciar la asimetría en las relaciones de pareja y otras diversas formas de violencia de género; sino que también los hombres son dañados al sentirse presionados a cumplir sus roles de proveedores económicos y sexuales.

El género es por tanto proceso y producto, pero es más fácil reconocer esta “bolsa” como producto que el proceso mismo mediante el cual la hemos llenado, bolsillo por bolsillo, con contenidos biológicos, sociales, económicos, políticos, culturales y subjetivos.

Con lo biológico nacemos; lo social, económico y político nos llega de las estructuras de la sociedad en la cual nos insertamos; pero lo subjetivo es nuestro verdadero bolsillo, que aunque condicionado por los anteriores contenidos, llenamos con percepciones y aspiraciones determinantes del cómo asumimos el resto de las dimensiones del género. Es la concientización del asunto el primer paso para el cambio.

Precisamente por ser determinadas social e históricamente las relaciones de inequidad, dominación, discriminación y violencia entre hombre y mujeres, estas deben cambiar y el comienzo está en nuestro pensar, para desde allí generar la acción.

Así que mientras en el mundo el 60% de las personas analfabetas sean mujeres; en América Latina y el Caribe al menos 12 de nosotras sean asesinadas diariamente por motivos de género y 1 de cada 3 haya sufrido violencia física y sexual, o en la prensa mundial solo el 6% de las historias destaquen temas sobre la equidad de género, yo seguiré diciendo que el 8 de marzo no quiero flores, sino derechos; porque estos solo serán humanos cuando nosotras también gocemos de su plena participación.

Ahora dígame: ¿qué prefiere echar en su bolsa?

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