press-freedom_0El temor a las cuartillas en blanco. Astutas cobradoras de deudas, queriéndote arrancar hasta el último teclazo. Tan solas que la pluma (ahora digital) casi puede herirle su despoblada existencia.

Es esa enfermedad incurable del periodismo, de escribirlo todo, de vivirlo todo tal cual experiencia propia. Lo magnífico de la cotidianidad. Dijo Martí que en el periodismo no se puede vivir sin que los hechos diarios no sorprendan, porque “de impresiones viven las letras, más que de expresiones”.

Una vez escuché – tal vez soñé –que el periodismo es la profesión de las soledades multitudinarias y quien lo ejerce, esa figura reconocida y sola, gurú que todo debe saberlo; la sabiduría de las miles de respuestas; la oratoria de discursos convincentes.

Así lo esperan las personas, así lo cuestionan y así lo juzgan cuandoleen, escuchan, ven… Si la carga de la partícula periodística es positiva, tal vezla reacción sea favorable; en cambio si es negativa, tal cual catalizador natural del proceso, comienzan a cerrarse las puertas.

Pero nunca el temor ha de ser la excusa en el periodismo; nos lo legó el Apóstol: “nunca supe yo lo que era público, ni lo que era escribir para él, mas a fe de diablo honrado, aseguro que ahora como antes, nunca tuve tampoco miedo de hacerlo”.

Por eso admiro a esos quijotescos colegas, a los de ímpetus y periodismo perspicaz y agudo. A quienes no temen la crítica, la observación acertada, la acotación oportuna; Aquiles de proezas literatas; hazañas bien pensadas, “imprevistos” planeados meticulosamente.

Y por supuesto, del otro lado, jóvenes de pensamientos madurados con sueños, de las voluntades talentosas, atrevimientos cuerdos y hasta algunos sinrazones de la cotidianidad.

Más tarde leí del Gabo que el periodismo es el poder sin trono – “por fortuna”, aclaraba – Pensé entonces, dónde estaba tal imperio de la palabra. Quizás en ese atribuido don de poseer la información, de “manejarla”, de usarla y “abusarla”.

Ramonet lo llama el cuarto poder y tal vez Maquiavelo hubiese concordado con su aporte. Esel límite de lo real y lo irreal. En la sociología le nombran construcción social de la realidad; un denominativo acertado que nos permite comulgar obligatoriamente con la manipulación sin delinquir la ética.

Periodismo es construcción de hechos. La obra nace transformada, nunca lleva todo lo que pasó, tampoco todo lo que se pensó en el acto. Se construye la noticia con pedazos de realidad, deformados por el prisma personal, la concepción propia de la vida y la sociedad.Periodista es artista.

Pero en este alumbramiento, nunca la censura vil debe ser escollo. “La prensa debe ser examen y la censura, nunca el odio ni la ira que no dejan espacio a la libre emisión de las ideas. Nunca se acepta lo que viene en forma de imposición injuriosa; se acepta lo que viene en forma de razonado consejo”, acertó Martí.

Quizás por esa labor periodística del Apóstol, quien siempre escribió en defensa de su tierra, con total dominio de la ética, el 14 de marzo celebramos en Cuba el día de la prensa.

Así entre letras y buenas intenciones, evocamos al Maestro, llamados a continuar el camino de su periodismo diferente y, desde este tiempo, sembrar las semillas de lo nuevo y lo nuestro.

La fecha se nos torna circunstancia exquisita para hablar de él. Tal como regresa el alma al lugar donde encontró la vida; hoy no hay tanta distancia entre 1893 y 2017, puesto que escribimos con la misma devoción con la cual Martí fundara aquel 14 de marzo el Periódico Patria.

Hemos preferido sentirlo puro, sin la parafernalia de las conmemoraciones o los discursos presuntuosos, más bien lo traemos a estas líneas como hombre, de carne y virtudes, de huesos y defectos, como el periodista de prosa dolorosa y dulce.

Esa cronicidad latente me invade. Así que hoy, además de las seguras felicitaciones a colegas, dedico estas notas sueltas al periodismo que me enseñó a vivir, que me alienta, que me corre por las venas, agresivo y vital, hiriente y dulce y que“por fortuna es un poder sin trono”.

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