Al pasar por la calle Cristo, justo en frente de la casa natal de Carlos J. Finlay, nadie puede imaginar que una casona que ofrece servicios de lavandería guarda entre sus paredes tanta historia.
Allí viven Alfredo Victoria Guevara y su dulce compañera de lucha y del amor, María Hidalgo Cedeño. Con 63 años de matrimonio y 91 de edad, no resulta difícil pensar que hay mucha experiencia marcada, pero las del movimiento 26 de julio y las de la lucha clandestina en Camagüey contra la dictadura de Batista, son el motivo de esta reunión vespertina en el agradable patio interior de su vivienda.
Retrospectiva
Echamos a andar el tiempo hacia atrás y tirado en el camino real de Najasa con sus padres y 10 hermanos Alfredo tomó un camino en contra de las injusticias sociales y la pobreza. El desalojo los trajo a la ciudad, donde eran motivos de burla por su condición de guajiros Ñongos.
En busca de trabajo y sustento familiar, aprendió pronto varios oficios, el de chofer de un camión para acopiar leche, en los montes unos amigos escuchaban en la radio los discursos de Chivás, lo que le hizo ganar claridad en sus ideas revolucionarias, en la fábrica de Queso y mantequilla del reparto Marquesado crearon su célula del 26 de julio y comenzaron a realizar sus tareas de apoyo, con suministros para los rebeldes en La Sierra, confección de propaganda y huelgas y paros productivos.
Una experiencia desagradable fue la prisión por 2 meses, junto a unos 80 revolucionarios, la cual le permitió conocer a algunos líderes revolucionarios del territorio. al salir de la cárcel estaba quemado, tenía que desaparecer de la ciudad.
El 20 de diciembre de 1958 se alzó con dos de sus hermanos y varios compañeros de la Fabrica en lomas de Najasa, hasta el triunfo del primero de enero, que le asigno numerosas tareas. Al llegar a esta etapa se ilumina su mirada como la de un niño travieso y comienza a mostrarme distinciones y reconocimientos por las diversas tareas que acometió durante su larga vida laboral, para echar a adelante las transformaciones sociales que tanto deseaba para todos.
El periodo revolucionario
Alfredo siente sano orgullo de haber asistido al nacimiento de bellas obras cubanas, como fue la campaña de alfabetización, la fundación del Partido Comunista de Cuba, donde aún a los 91 años milita en un Núcleo Zonal, también la creación del sindicato Minero Energético, donde se jubiló a los 60 años, después de una intensa labor.
Al dejar la vida activa necesitaba una tarea que le llenara sus día, para ello se dedicó junto a la Asociación de combatientes de la Revolución Cubana de rescatar las historias de todos sus valiosos compañeros.










