El legado de Fidel estuvo presente en la inauguración del Salón Jimaguayú

Por Mailet Padilla Paneca y Sheila Barros Fals

Como parte de las actividades por el Día de la Rebeldía Nacional un emblemático lugar se inauguró también  en la tierra de los tinajones: El Salón Jimaguayú de la Plaza de la Revolución, perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey.

La historia fusionó en este emblemático lugar a dos grandes hombres de la patria: Agramonte y Fidel. Unidos ya estaban desde antes, pues ideales compartidos los hicieron parte de un mismo sueño y de una misma lucha.

Jimaguayú, nombre del potrero donde en 1873 arrebataran la vida al Mayor de los camagüeyanos, dignificó el apelativo de este Salón al cual,  a finales del pasado año, llegaran los restos mortales del comandante Fidel Castro Ruz; en su paso hacia Santiago de Cuba.

No fue casual, a quienes a pesar de la diferencia histórica los uniera la obra de la vida, se encargaría la inmortalidad de fusionar en este simbólico espacio, devenido lugar sagrado de la patria y los camagüeyanos.

La noticia de la muerte del Comandante en Jefe el 25 de noviembre del 2016 embargó de tristeza al pueblo de Cuba, conmoción que fue precedida por el deseo de acompañar sus restos, de participar en su despedida hacia la eternidad, de formar parte de los agradecidos dispuestos a continuar su obra. La Caravana de la Libertad en sentido opuesto, fue custodiada por miles y miles de cubanos a lo largo y ancho de la Isla.

Entre los lugares escogidos para abrigar los mortales restos del inmortal guerrero en su camino a Santa Ifigienia, estuvo Camagüey. Los que con orgullo y modestia, en representación de la voluntad de todo un pueblo, asumieron el deber de acondicionar esta Plaza para garantizar la seguridad del reposo y pulir cada detalle del suceso, vivieron sin dudas uno de los momentos más trascendentales de su existencia; nunca olvidarán cada una de las etapas en las que se desarrolló el tributo, así como las emociones asociadas.

rp_plaza-revolucion-camaguey-300x225.jpgEl Salón Jimaguayú abrió sus puertas con la solemnidad de que caracteriza a los lugares sagrados, justo para homenajear la efeméride moncadista y reivindicar el honor compartido por aquellos jóvenes de la generación del centenario. En él no solo se evocará la muerte del eterno mambí y la sentida estancia de las cenizas de nuestro líder histórico en tierras camagüeyanas; sino también la indudable presencia de Agramonte en Fidel, como continuador de las luchas y los ideales libertarios del pueblo cubano.