Lo que el silencio vale…

El estribillo de una canción del grupo español Los Ángeles, habla sobre el valor del silencio, por estos días la he recordado porque a no ser en una iglesia desierta de personas en la mañana, no logras disfrutar de un instante de silencio en esta ciudad.

El ruido se vuelve casi una epidemia en los tiempos actuales, inunda los mercados, las tiendas, las calles, los barrios, la entrada del cine o teatro  y cualquier unidad de servicio a la población. Si quiere comprobarlo, porque a lo mejor no se había percatado o le era indiferente, solo transite unos minutos durante el día por la  calle Maceo y sabrá de que le hablo.

No hay que ser muy entendida para sentir la influencia del ruido sobre el estado emocional de las personas. Justo en este paseo comercial a parte de los que escuchan o ponen música a elevados decibeles, imponiéndote su mal gusto, el murmullo del transeúnte se vuelve insoportable, eso sin olvidar de quienes vociferan como si caminaran por un potrero y no encontraran las vacas.

¿Qué es el ruido?

Es importante diferenciar sonido de ruido. El ruido tiene un espectro acústico desordenado, asimétrico y caótico a diferencia del sonido, el cual es rítmico. El habla humana es sonido, aunque el espectro acústico de algunas consonantes y diversos metales de voz pueden ofrecer similar efecto al de un ruido.

El oído humano tiene la capacidad de escuchar sonidos que oscilan entre 1 a 90 decibeles. Actualmente nuestra sociedad importa tecnología auditiva de punta, con teléfonos celulares,  ipods, iphone, entre otros, con gran capacidad de memoria para música.

Debo aclarar que una exposición permanente a los audífonos y generalmente a intensidades de volumen alto, por largos períodos de tiempo, produce  que se destruyan las células ciliadas del Órgano de Corti del oído interno,  produciendo una hipoacusia o llegando a una sordera total.

Pero los que portan audífonos se dañan ellos, pero no molestan, en cambio, los que amplifican cualquier música en su bicitaxi o te suena un claxon similar al de rastra bien cerca de ti,  aquel que lleva en un auto la radio ensordecedora, o los que ponen bafles para la calle, ignoran el derecho a la paz y al silencio que tienen los que lo rodean, además de agredir sus células auditivas y violentar el medio ambiente.

Investigaciones médicas afirman que las alteraciones vasculares y endócrinas originadas por el ruido producen mayor latido cardíaco, hipertensión arterial, arritmias, déficit miocárdicos y efectos en el sistema inmunológico. También se producen alteraciones Neuro-psiquiátricas y de perturbación del sueño.

Ejemplos con altos decibeles

En la barriada de La Vigía unos vecinos hicieron piscina en su patio, pensaron que elevando la tapia no molestaban, pero a medida que avanza “la cerveza en sangre” compiten en gritar groserías y como parece poco, compraron un equipo de audio bien potente y con micrófono, para amplificar mejor sus palabrotas.

Súmele a esta violación del descanso una iglesia protestantes en el fondo, que en su afán de alabar a Dios imponen sus cantos y rezos a alta potencia,  olvidando al prójimo más cercanos que desea silencio y no tiene por qué compartir sus creencias.

Y cerramos las historias de bullangueros con un buen caldo de cultivos para oídos sensibles, los bicitaxistas de la piquera del Callejón de Apodaca, a unos metros de la Tienda Encanto.

Ellos,  mientras esperan por un cliente, lo mismo discuten sobre deportes, que  escuchan Reguetón con las peores letras, sumado a sus exclamaciones en alta voz. Es algo así como un sitio de locos y dan  la peor imagen de la ciudad. ¿A dónde fueron  a parar los hábitos de urbanidad y respeto?

Por eso recordando la vieja canción de los Ángeles, apelo a valorar lo que el silencio vale y los invito a pensar en los demás a la hora de derrochar  voluntad y alegría, porque el tema  no solo nos compete a todos sino que compromete las buenas costumbres que heredamos del pasado.