Manuel Julién Gómez, un hombre de grandes huellas

Es la historia tan inmensa y compleja, dijo el Apóstol que “no es cera que se amolda a nuestras manos caprichosas” y a ello quizás le debemos tantos nombres y sucesos en la desmemoria, igual de valiosos pero que, quién sabe por qué, no encontramos en las páginas de los acontecimientos gloriosos.

De él supe cuando la Oficina del Historiador de la ciudad de Camagüey intervino constructivamente la antigua Planta Eléctrica, su nombre laureaba al lugar que, sin embargo, parecía no enterarse de tal impronta; pero Manuel Julién Gómez fue sin dudas un hombre de grandes huellas.

Nació el día 9 de diciembre de 1933 en la camagüeyana calle Lanceros y lo signó la humildad de ser el primogénito de seis hermanos, tres varones y tres hembras. Cursó sus primeros estudios en la escuela anexa a la Normal para Maestros, en la antigua quinta San Zenón, allí alcanzó el cuarto grado, y tiempo después matriculó en la escuela ” El Porvenir”, en la calle Independencia, donde terminó el quinto grado.

Al no poder continuar los estudios comenzó a trabajar, con 14 años, en la el estudio fotográfico Lezcano y a los 18 años se empleó en la Compañía Cubana de la Electricidad como aprendiz en el taller de metros contadores, pero el empeño de la superación le permitió ocupar la plaza de comprobador de metros contadores, hasta el día de su fallecimiento.

Con la joven, pero juiciosa edad de 20 años contrajo matrimonio, de la unión nacieron tres hijas. Doce meses después fallece su padre, quien trabajaba en la misma compañía, así que Manuel asumió el puesto ocupado anteriormente por su progenitor. A su cargo quedaron también sus hermanos menores y su madre.

A mediados del año 1956 comenzó a manifestarse en contra de la tiranía batistiana y a principios del 57 pasó a formar parte del FON (Frente Obrero Nacional) de su centro de trabajo. Continuó la lucha clandestina, formó parte de una célula de acción y sabotaje del Movimiento 26 de julio, vendiendo bonos y distribuyendo propagandas.

Múltiples anécdotas completan su quehacer. Escondió armamento en las cajas de los metros contadores, lo transportó en su maletín de deportista, sirvió de enlace para enviar medicinas a la Sierra de Cubitas y cuando la huelga del 9 de abril de 1958, su hogar fue cuartel del M-26-7, albergó alrededor de 20 compañeros, escondió brazaletes, mapas y armas del movimiento en el techo.

Al triunfo de la revolución formó parte de la Comisión o Depuración en su centro de trabajo siendo además elegido como Delegado Sindical. Fue un enérgico luchador contra las campañas anticomunistas, cooperó activamente con los cuerpos de Seguridad del Estado.

Fue el primer miliciano en su centro de trabajo y en 1960 fue elegido para pasar una escuela en el Salao en la antigua provincia de Oriente, siendo designado jefe de 103 compañeros de esta ciudad de Camagüey.

Cuando la limpia del Escambray, saliendo rumbo a este territorio, en la madrugada del 14 de febrero de 1961, sufrió una grave herida y después de una operación, el día 15 falleció, con 28 años. Fecunda vida la de este joven, de  pensamiento y acción para su Patria; fecunda vida que la historia debe salvar.