Mujer en la vía Férrea

Habrás escuchado sobre trabajos prohibidos para mujeres. A mí me resulta muy anticuado el término, por eso lo veo como rezagos del pasado, pero tengo la historia de una dama, que sufrió esos atrasos y tuvo que cambiar de profesión.

A pesar de los prejuicios, Zoila Belén Merino Castro es la única mujer graduada como Auxiliar de Maquinista, en la División Centro-Este del Ferrocarril en la localidad de Camagüey. En busca de estas historias que valen la pena contar, gracias a la colega Alba Rosa Colina,  llegué a la puerta de la única mujer agramontina con esos estudios.

 

Su historia

Belén, como la llaman todos, es una mujer que ha caminado por la vida con fuerza y optimismo, por eso, al venir de una familia de tradición ferroviaria, pensó que aprobarían sus deseos de ser maquinista. Entonces un brillo inusual ilumina sus vivos ojos azules y comenzamos una retrospectiva a sus orígenes, en un viaje de muchos kilómetros de vía.

Cuenta que inició su vida laboral como auxiliar de estación y luego de operadora, por allá por marzo de 1959, con solo 18 años. En el 1967 se abre el curso de auxiliar de maquinista, el cual matricula; y logra graduarse con buena puntuación. Sus compañeros de clase, muchos de ellos actuales maquinistas,  la respetaban y estimulaban al trabajo, pero aún en esos tiempos jóvenes de la revolución había oficios prohibidos para la mujer.

Ella con la ilusión de lograr su puesto laboral, escribe al comandante Faure Chomón Medievilla, pero la respuesta fue la misma, entonces tuvo que conformarse con habilitar y mover las máquinas de patio en la terminal y en los talleres, lo que al recordarlo devuelve el brillo de sus ojos, pues con 77 años, dice que si la rodilla la acompañara se subiría  a la locomotora y echaría andar los tiempos felices.

Siempre se quedó dentro del gremio ferroviario que para ella es su otra familia, allí llevaba las nóminas de sus compañeros y rotaba por todas las unidades ferroviarias para que nadie perdiera un centavo de su trabajo. Para mantenerse en activo también fue operadora (transmite y entrega la orden de vía al conductor) y se enorgullece al saber que en su turno nunca hubo accidentes, pues era muy cuidadosa con cada orden de vía que se mandaba. Al ver a sus compañeros en la calle o al sentir una locomotora  pitar, experimenta los sabores de aquella hermandad que es el ferrocarril, pues cuando es presentada a los jóvenes, siente el cariño de sus compañeros y orgullo por ser la única mujer atrevida que desafiando el machismo manejó el tren, aunque fuera solo en tramos cortos.

La familia

Su padre era ferroviario, no creía que ella deseaba esa profesión, por lo que esperaba que “se le pasara” el entusiasmo, pero dice que pasaron más de 50 años y aún no se le ha pasado.

Su primer esposo era despachador, luego su hijo mayor se graduó como técnico en explotación ferroviaria, el segundo esposo y padre de su hija menor fue maquinista y una de sus nietas es técnica en protección ferroviaria, como vemos la semilla de Belén retoñó en la vía.

Esta dama rubia y de ojos azules, de delicada apariencia, nadie imagina que hace tiempo soñó manejar un tren de carga, aunque no pudo lograrlo por los prejuicios sociales, buscó en sus otras labores mantenerse cercana a la línea del tren, por donde cada mañana recorre cientos de kilómetros con la imaginación y regresa a aquel lugar, donde transcurrieron sus años felices y del que asegura no existe otro mejor.

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