Música por doquier

La música es el lenguaje universal, cuando estamos tristes o estresados recurrimos a ella sin titubear. Y sí, hoy hablo de la música aunque parezca  intangible y a la vez  divina, porque no puede ninguna sociedad, economía, ni política en el mundo vivir sin ella.

El sonido del viento es música para los oídos; pero de un viento sin contaminación. El ir y venir de las olas del mar construye ese ambiente paradisíaco que también adorna con hermosos acordes el espíritu diario, a veces cargado de tanto trabajo y cotidianidad, pero que se mece y alivia con la melodía del mar.

Debemos estar orgullosos del  planeta en que vivimos, todo música y color, aunque a veces se perciban sonidos tan desagradables como los que producen las guerras y los desastres naturales.

Tenemos que sentir el júbilo de ser cubanos por habitar en una isla rodeada de un mar que a diario compone canciones, sin tener más público que los hombres que en él trabajan.

Estamos, y lo digo con seguridad aunque hable en plural, muy felices de ser camagüeyanos, pues el ambiente que rodea a este pedacito de tierra se compone de una armonía musical que nos distingue.

Nunca piense que el mejor arpegio que escuchó estuvo en su bolero preferido o en ese contagioso reguetón que se impone. Mire a su alrededor que en cada planta, animal u objeto que en algún momento observó sin interés encontrará música, esa que le construirá un mejor día.