Nelson Mandela, el amigo

Hace casi 5 años escribí sin consuelo: ¿Acaso el olimpo de los grandes hombres pretende seguir robándonos el talento y la abnegación que esta Tierra merece? ¿Por qué  a los buenos se le dificulta su paso por la vida y a los malos los caminos se le abren sin llaves, ni claves complejas? ¿Dónde se encuentra escondida la justicia y la verdad cuando se le necesita?

Nos ha dejado un hombre que es sinónimo de amor, esperanza, perseverancia y solidaridad, un ser extraordinariamente admirable, un guerrero de sangre xhosa, heredero de las tradiciones más fuertes de su tribu, a la que renunció para convertirse en abogado y luchador incansable representando los derechos de todos los necesitados.

Nelson Mandela, Madiba o Tata será siempre el símbolo de la lucha contra el apartheid dentro y fuera de Sudáfrica, su impronta recorrerá los siglos, porque ni la prisión fue capaz de borrar su espíritu; ni los recuerdos a los que supo aferrarse durante  27 años de injusto encarcelamiento.

Sentí en lo profundo de mi ser la pérdida de un alma tan pura como la de Mandela; pero al levantarme recordé que un día como hoy habría cumplido 100 años, por lo que me resultó imprescindible volver a escribir acerca de él.

En su historia todo parecía imposible hasta que se hizo, en su vida se posó la injusticia pero el ardid  se vistió de esperanzas y conquistó el premio merecido: vivir por siempre en cada corazón solidario que nunca olvidará un nombre y ese es: Nelson Rolihlahla Mandela, el amigo.

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