Puerto Príncipe, la cuna constituyente de la Revolución

Anisleidy García Rodríguez

Un paso decisivo para la organización y fortalecimiento de la Revolución fue la  Asamblea Constituyente celebrada entre los días 13 y 16 de septiembre  de 1895, en el potrero de Jimaguayú, lugar donde 22 años atrás había caído en combate Ignacio Agramonte, una de las razones que movieron a Martí y a Gómez para escoger ese escenario.

Por segunda ocasión Puerto Príncipe volvió a ser la cuna constituyente de la Revolución. Allí fue proclamada la República Democrática y se abogó por crear un estado libre e independiente con gobierno propio.

Se reunieron los representantes de los cinco cuerpos de ejército con que contaban los cubanos en armas. La Asamblea aprobó la Constitución de Jimaguayú, la cual estableció un gobierno centralizado que reunía en un solo organismo, llamado Consejo de Gobierno, los poderes ejecutivo y legislativo.

Este Consejo estaría integrado por un Presidente y un Vicepresidente, cargos para los que fueron electos después, respectivamente, Salvador Cisneros y Bartolomé Masó, ambos veteranos del 68. Completaban el gobierno cuatro Secretarios de Estado.

La autoridad suprema del Ejército Libertador sería ejercida por un General en Jefe, con un Lugarteniente General como segundo en el mando. Para dichos cargos fueron nombrados Máximo Gómez y Antonio Maceo, respectivamente. Se nombró representante en el extranjero a Tomás Estrada Palma, que había sustituido a Martí como Delegado del Partido Revolucionario Cubano.

Tratando de evitar los errores de la guerra pasada en cuanto a las relaciones entre el gobierno y el mando militar, la Constitución delimitó las funciones de ambos: el Consejo de Gobierno se encargaría de dictar las disposiciones relativas a la vida civil y política, aprobaría la ley de organización militar que debería ser propuesta por el General en Jefe y concedería los grados militares de coronel en adelante.

El General en Jefe asumiría la dirección de las operaciones militares, y el Consejo de Gobierno sólo podría inmiscuirse en ese campo cuando fuera «absolutamente necesario a la realización de altos fines políticos

Tras la Asamblea de Jimaguayú, ordenada la vida civil en el territorio libre y organizado adecuadamente el Ejército Libertador, el gran empeño de los jefes mambises era el de llevar la guerra a las provincias occidentales.

Esta fecha será inolvidable para todos los cubanos que en cada amanecer, aunque sumergidos en la cotidianeidad, recordamos por qué respiramos libertad.