A quienes se desvelan por el ordenamiento de la ciudad

Rezan conceptos y definiciones que el urbanismo “tiene como objetivo el estudio de las ciudades desde una perspectiva holística, para enfrentar la responsabilidad de estudiar y ordenar los sistemas urbanos”; su etimología proviene del latín “urbus” (ciudad) e implica comprender, planificar y ordenar los núcleos poblacionales mayores. La historia de esta disciplina se remonta a la antigua Grecia, en tiempos de Hipodamo de Mileto (primer urbanista), y en su desarrollo aparecen nombres como el del Barón Haussmann (diseñador de la renovación de París), Otto Wagner y el propio Felipe II; a cuya anuencia se atribuye la inclusión de varias ideas urbanísticas en las Leyes de Indias, para la construcción de ciudades en el Nuevo Mundo.

Fue Camagüey, desde su condición de tierra andariega y singular, una construcción urbanística caprichosa, dispuesta sin muchos afeites por sus primeros habitantes con objetivos más funcionales que estéticos; a usanza de las ciudades cristianas hispánicas.

Pero más allá de historia y calificativos, el urbanismo resalta como un brillante ejercicio de integración, sabiduría y amor. Y es que lograr un empaste eficaz entre los diversos factores que determinan el planeamiento, gestión y conservación de una urbe; puede resultar todo un reto para la sapiencia y el corazón.

Lo sociocultural, económico, político y geográfico; pueden constituir solo algunas de las primeras directrices a tener en cuenta, a la hora de plantear la restructuración, ampliación o manejo de un núcleo urbano: así lo dicta la razón, de la en ocasiones sin razón, de las complejas relaciones humanas.

Con solo contextualizar y visualizar el trabajo de los urbanistas en la Oficina del Historiador, tendremos una idea de lo hermoso pero difícil de esta labor; pues si asomar la cabeza en la Dirección de Plan Maestro y Gestión, el ir y venir atareado de su colectivo, nos dará la más esclarecedora de las respuestas: en el urbanismo no se descansa, siempre hay desafíos, siempre hay algo más…

Tal vez por eso, por lo inagotable, valioso y complejo de su proceder; el reconocimiento se hace más sentido. La ciudad, esta urbe nuestra tan bella y antojadiza, mucho le debe a los mimos de los que en esa labor han encontrado su vida: Lourdes, Oscar, Teresa, María, Ernesto, Nela, Estrella, Marisabel, Ana Kirenia, Berenice, Dayris, Kadir, Claudia, Lili… (Perdón por no continuar nombrando).Grandes también son las deudas de todos ellos y nosotros, para con la ciudad lisonjera y vetusta que es Camagüey.

Gracias entonces a los urbanistas y al objeto de sus desvelos (la ciudad), por ser inspiración y cobijo; gracias también a los que estuvieron antes, a los que construyeron y conservaron, a los que nos cedieron las maravillas que hoy, sin descanso, nos enorgullece enaltecer.

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