Siempre es 26…

camagc3bcey1Por: Mailet Padilla Paneca.

Como comunicadora social el slogan “Siempre es 26” llama poderosamente mi atención. En primer lugar porque me parece una genialidad el cómo su autor logró resumir en solo tres palabras una idea vital: la entrega cotidiana, el cumplimiento diario del deber y la defensa permanente de los ideales que inspiraron la efeméride moncadista. Así, desde que se lee o escucha la mencionada frase, salta a vista la necesidad de empeñarse a fondo todos los días y evitar los finalismos de barniz o las fútiles “modas productivas”.

Partiendo de la condición deser trabajadores de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey, este asunto podría resumirse en la defensa diaria del patrimonio principeño que tanto nos enorgullece. Pero el tema no es para nada cosmético y entraña significaciones mucho más complejas de lo que realmente parece. No se trata entonces de solo realizar a cabalidad la labor por la que somos remunerados, sino también, el sentir como nadie la responsabilidad ciudadana de velar por el bienestar de nuestra hermosa urbe. Se trata de requerir a un coterráneo cuando con el pie en la pared ensucia una fachada recién pintada, se trata de llamar la atención de un custodio cuando desatendiendo sus funciones permite sea maltratado un césped o agredida una tarja, en un monumento o espacio público; se trata de alertar al vecino que construye,de que existen mejores formas de hacerlo sin que la acción vaya en detrimento del patrimonio edificado; se trata, en definitiva, de buscarse “problemas” por esa añeja dama que es Camagüey.

Por estos días, que andamos tan ajetreados alistando obras y preparando la celebración del 26 de julio, reflexionemos un poquito sobre el llamado que nos hace el slogan, ese grito certero a ser mejores todos los días. Y no es que inaugurar algo a modo de regalo sea reprochable, nosotros mismos, cuando hay fiesta en casa, nos apuramos a eliminar el polvo hasta de los rincones más insólitos y dejar el hogar más resplandeciente que nunca; pero la higiene cotidiana, como el trabajo diario, es insustituible.

Luzcamos nuestras mejores galas entonces con entusiasmo y compromiso, inauguremos las obras que con tanto cariño se ultiman, pues ellas constituyen reflejo de nuestros mejores empeños y servirán para continuar incrementando la calidad de vida en la ciudad; hagámoslo todo por festejar la fecha, pues de esa forma también honramos la memoria de aquellos jóvenes de la generación del centenario; pero recordemos, sin titubeos, que el mejor homenaje y el quehacer más altruista es el de todos los días, porque siempre es 26…

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