Un hombre para recordar

MSc. Mabel Aladro Ruíz

En cada país, región, provincia, municipio, poblado existen tradiciones, costumbres, leyendas y cómo no, personajes pintorescos que forman parte de esa identidad que los caracteriza; de ellos se hablan y se tejen historias, reales o no, pero historias al fin, que quedan en la memoria popular.
Quizás lo habrán conocido  personalmente o por referencia; él es muy singular y perfecto de acuerdo a sus definidas dimensiones, no dicho por mí, sino por esa voz pública, el tan popular `Enano de Sibanicú´, o` Changuili´´, como también se le conocía.
Si, recuerdo como si lo tuviera delante de mis ojos aquel hombrecito minúsculo, muy pequeño, era una miniatura, con su traje de guagüero, oficio que siempre defendía y apreciaba, con su gorra apropiada a su tamañito, andando por las calles de nuestra ciudad o montado en un ómnibus, conversando amenamente de cualquier tema con las personas y hasta discutiendo…

Casi siempre parado a la entrada de la guagua charlando con el chofer, pues era un gran conversador, y encontraba “amigos´´ por cualquier parte ,y decía que venía a Camagüey a hacer gestiones y claro, como su giro era ese, el del transporte público, no tenía ninguna dificultad para andar siempre subido a una guagua ,pero aun así le gustaba mucho caminar por nuestras calles.

En la Terminal de Ómnibus se le veía frecuentemente, a pesar de ser del municipio de Sibanicú que tanto defendía, por eso el apodo o mote que poseía.
Se decía que tenía una esposa  de tamaño normal, como cualquier mujer pero que era tremenda mujerona, que sus hijos, más de uno, eran altos y fuertes, que tenía muchísimos nietos, que poseía un carácter medio áspero a pesar de entablar conversaciones con todo el que se tropezara, en fin…, como ya les había comentado, de estos personajes célebres.

De algún lugar se elucubran mil historias, que al paso del tiempo se recuerdan y casi siempre cuando nos vienen a la memoria las evocamos con una sonrisa, tal vez por la añoranza, tal vez por desconocimiento, o curiosidad y hasta por el deseo de haberlo conocido, pero lo cierto es, que forman parte, sin lugar a dudas, de nuestra historia local y por qué no de nuestro patrimonio, de nuestras leyendas, esas que, tenemos y estamos en la obligación de defender contra viento y marea para continuar manteniendo, el orgullo de ser camagüeyanos.

Contar estos relatos a nuestros nietos que a su vez lo harán con sus hijos y así, de generación en generación, pasan a formar parte indisoluble del imaginario de nuestro pueblo, esto también ,amigos míos es lo que yo llamo salvaguardar nuestra cultura.

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