Un proyecto sociocultural para aprender

Decía el médico griego Hipócrates  que hay que dejar que los alimentos sean tu medicina y que la medicina sea tu alimento. Así lo pude constatar cuando formé parte del encuentro del grupo de “La dieta macrobiótica” que lleva como proyecto sociocultural la casa Carlos J. Finlay de la Oficina del Historiador de la ciudad de Camagüey.

Entre arroz integral, frijoles y una decoración culinaria exuberante conocí de los beneficios de esta dieta que aboga por alimentos ecológicos, verduras de temporada, ricas en carbohidratos complejos, a la par que menos grasas, azúcares y alimentos procesados ​​químicamente.

Gregorio Hidalgo Vera, sub chef de cocina que labora en la Asociación Culinaria de Camagüey compartió gustoso su experiencia y también su plato de frijoles con pollo asado.

Haciendo un poco de historia les cuento que el término “macrobiótica” , se utilizó por primera vez alrededor del 400 A.C para referirse a las personas con una vida sana y se trajo a América del Norte desde Japón tras la Segunda Guerra Mundial.

Los seguidores de esta dieta creen que la medicina más poderosa que tenemos es el alimento que comemos y que si comemos alimentos enteros, sin procesar, nuestro cuerpo será más saludable. Explican los expertos en el tema que la filosofía que rodea a la dieta macrobiótica es compleja pero se centra en el concepto del yin y el yang, la interdependencia de las fuerzas opuestas en el mundo natural.

Compartir con los seguidores de este proyecto resultó inolvidable, pues aprendí que la manera en que ingerimos los alimentos debe constituir todo un ritual que se enfoque en la mejora de la salud y la calidad de vida.