Un recorrido por las calles de la eternidad III – Amalia Simoni Argilagos

Foto: Jesmir Varona Socías
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El cementerio general de Camagüey es el más antiguo en funcionamiento del país. Los 205 años que ostenta de fundado, bien ameritan esfuerzos en pos de su preservación. Diversos estilos arquitectónicos de alto valor patrimonial nos recuerdan los que confluyen en la ciudad, solo que estas moradas tienen otro fin: el de la eternidad.

Por tales razones, la Oficina del Historiador convocó a la Dirección Provincial de Servicios Comunales, a artistas del Fondo Cubano de Bienes Culturales y a un equipo multidisciplinario de la propia institución; para realizar una intervención en puntos de interés histórico de la necrópolis, espacios estos que ya recuperan sus detalles y enaltecen su imagen.

Los sitios de intervención son el primer y segundo tramo, algunas bóvedas en las calles tercera y cuarta y el Panteón de los Combatientes caídos en misiones internacionalistas en África.

Mientras se trabaja en los pormenores de cada sepulcro, quiero acercarlos a las historias de cada personalidad que hallaremos, en un recorrido por los caminos de la eternidad.

Hoy nos acercamos a la tumba de la querida camagüeyana Amalia Simoni, que cifrada con el número 12 en la calle principal, nos recuerda la intensa vida de la dulce amante. 

Entre melodías: Amalia

Hoy te propongo acercarnos a esta hija ilustre del Camagüey: Amalia Simoni Argilagos, quien nació en Puerto Príncipe el 10 de junio de 1842. Amalia era la mayor de las dos hijas del matrimonio formado por el médico José Ramón Simoni y Manuela Argilagos.  De ella mucho se conoce como esposa y amante eterna de su Ignacio, pero de sus dotes artísticas poco se habla. Descubramos entonces su relación con la música.

La historia

Se sucedía la Guerra de los Diez años. El 26 de mayo de 1870 Amalia, debido a su condición de esposa de Ignacio Agramonte y por su propia condición de patriota, cae prisionera y es obligada a emigrar. El exilio fue una prueba más de sacrificio para su familia legendaria: el clima, la idiosincrasia norteamericana y las necesidades económicas agravadas, los obliga a viajar nuevamente hacia México, en busca de mejores condiciones de vida.

José Ramón Simoni, padre de Amalia, desarrolla en su nuevo hogar una humana labor al abrir un modesto consultorio, donde introduce la homeopatía y la medicina verde.  Comienza también a alfabetizar a la comunidad, mientras su hija Amalia abre el primer Conservatorio de canto lírico y coral para señoritas, tarea que ayudó a sustentar a la familia.

Durante sus estudios y depurado desarrollo cultural, Amalia había tomado lecciones de música, perfeccionando además sus conocimientos de piano y canto. Esta preparación le sirvió también para sobrevivir en Nueva York, durante un segundo exilio.

En los Estados Unidos Amalia dedica esfuerzos a recaudar fondos para la lucha. Durante esa temporada actúa en funciones benéficas como soprano en el De Garmo Hall, obteniendo una buena acogida de la crítica, que llegó a considerar su voz entre las mejores y más timbradas de entonces; información que conocimos gracias a los apuntes de su amiga, la poetisa camagüeyana Aurelia del Castillo.

De vuelta a casa

Amalia Simoni, la amante esposa de Ignacio Agramonte, la independentista apasionada, tuvo el privilegio de una bella voz timbrada; por eso tras la apertura del Teatro Principal de Camagüey en 1912, deleitó con sus óperas y zarzuelas al público refinado de la ciudad. Esta distinguida dama camagüeyana murió en La Habana el 23 de enero de 1918, mientras escuchaba a su hija Herminia interpretar al piano una de las melodías preferidas de sus años mozos

Cuando se habla de ópera en Camagüey, entre los nombres de mujeres que prestigiaron la escena con sus cantos está el de Amalia Simoni, esa que entre leyendas, melodías y letras amorosas regresa a siempre al recuerdo de su tierra natal.

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