El cementerio general de Camagüey es el más antiguo en funcionamiento del país. Los 205 años que ostenta de fundado, bien ameritan esfuerzos en pos de su preservación. Diversos estilos arquitectónicos de alto valor patrimonial nos recuerdan los que confluyen en la ciudad, solo que estas moradas tienen otro fin: el de la eternidad.
Por tales razones, la Oficina del Historiador convocó a la Dirección Provincial de Servicios Comunales, a artistas del Fondo Cubano de Bienes Culturales y a un equipo multidisciplinario de la propia institución; para realizar una intervención en puntos de interés histórico de la necrópolis, espacios estos que ya recuperan sus detalles y enaltecen su imagen.
Los sitios de intervención son el primer y segundo tramo, algunas bóvedas en las calles tercera y cuarta y el Panteón de los Combatientes caídos en misiones internacionalistas en África.
Mientras se trabaja en los pormenores de cada sepulcro, quiero acercarlos a las historias de cada personalidad que hallaremos, en un recorrido por los caminos de la eternidad.
Hoy nos detenemos en la tumba de Vicentina de la Torre, que cifrada con el número 24 en la calle principal, nos recuerda a esa excelsa figura de la danza.
¿Quién fue Vicentina?
Vicentina de la Torre Recio nació en Camagüey, el 19 de julio de 1926. Comenzó sus estudios en la escuela de Gilda Zaldívar en 1948 y continuó en el colegio de Zayas, donde un tiempo después asume la responsabilidad de profesora.
En el curso de verano que impartía la Escuela de Ballet Alicia Alonso obtiene una beca, que le da la posibilidad de completar su formación como bailarina. Estas circunstancias le permitieron rodearse de relevantes profesores y coreógrafos del ámbito nacional e internacional.
Al cerrarse la escuela por el gobierno batistiano regresa a la ciudad y nuevamente imparte clases en el colegio de Zayas hasta 1957, año en que abre su propia escuela de Ballet, la cual tenía un carácter popular nunca antes visto fuera de La Habana. Para la matrícula de la escuela se captaban alumnos de las escuelas públicas, que recibían clases gratuitamente, con el único requisito de que debían tener aptitudes para la danza.
Sus dotes de profesora y el amor por las artes la hacen merecedora de asumir la Dirección de la Escuela Municipal de Ballet, primera institución cultural de ese género en la provincia. El 1 de diciembre de 1967, con la fundación del Ballet de Camagüey, durante un espectáculo de gala en el Teatro Principal de la capital agramontina, es nombrada Directora del naciente colectivo danzario. Vicentina asumió esa responsabilidad sin desvincularse de las labores docentes.
El año 1967 marcó un hito en la historia de la danza en esta ciudad, pues también se materializa otro de los anhelos de Vicentina: la Escuela Municipal de Ballet es convertida en Escuela Provincial de Arte, centro que incluyó además las especialidades de Música y Artes Plásticas.
Labor pedagógica
La maestra Vicentina inició un camino sin antecedentes, muy importante en la génesis e historia de la danza en Camagüey. Deja fundada una escuela, una compañía y formadas las ocho primeras maestras que impartirían el Ballet clásico en su tierra querida.
En el repertorio preparado por ella estaban casi todos los grandes clásicos, como Las Sílfides, Coppelia, Giselle; además de otros bailes modernos y tradicionales. La enseñanza exigía preparación técnica en el bailarín para futuras presentaciones como profesionales.
Vicentina se convirtió en un modelo de maestra para aquel grupo de alumnos y profesores, tanto para la vida profesional como para la vida personal, atenta a todos los detalles: desde su apariencia, normas de conducta, desarrollo de habilidades para las especialidades artísticas, resultados académicos y artísticos, valores humanos, patrióticos y cultura integral de los estudiantes.










