Una mujer excepcional

Foto: Cortesía de la autora
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“Una mujer de pelo en pecho”, así se le suele llamar a alguna que otra fémina que por sus características haya manifestado valor excepcional o una profunda valentía y hasta, tal vez, ‘’temple de acero’’, como también se le dice a alguien que probablemente ha demostrado sus cualidades valerosas para enfrentar determinadas situaciones de la vida en cualquier sentido.

Con estas condiciones conozco a varias, pues la vida me ha dado la posibilidad de tratar con tantas personas, que, desde luego, he tenido que toparme en el camino como dice el dicho con “de todo como en botica.’’

A esta bayamesa de nacimiento la conocí aquí en nuestra ciudad, donde se asentó siendo muy joven con solo 16 o 17 años.  Era yo una niña y ella trabajaba como administradora de la tienda de ropa ’’El Darling’’, en la calle Republica esquina a San Esteban, donde hoy se encuentra ’’Agua y Jabón’’, lugar muy cercano a mi casa por aquel tiempo, donde pasé toda mi niñez ,y donde mi mamá, se dedicaba con una gran maestría a coser, siendo su basta clientela, disímiles mujeres, pero fundamentalmente las empleadas de las tiendas del comercio, que por aquel entonces se uniformaban con ropa negra en el invierno y blanca en el verano. Y, desde luego, la mayoría de aquellas piezas de ropa, salían confeccionadas por sus manos.

Por eso un día alguien se apareció allí con esta mujer, mulata, delgada, elegante, con un acento marcadamente oriental, y se la presentaron a mi madre para que también formara parte del ejército de tenderas que habitualmente visitaban mi casa, y a las que mi padre les tenía terror sobre todo cuando se aparecían después de las 4:30pm, horario en el que él iba llegando a casa después de su jornada laboral, momento en que para nada le gustaba estuviera la casa llena, como solía decir.

Así me acostumbré entonces al ir y venir de uniformadas, a oír sus historias también, mientras esperaban los arreglos después del entalle obligado, pues al decir de aquella buena costurera, la ropa tenía que quedar en el cuerpo como un ‘’guante’’ para que fuera una buena costura.

Entonces fue como un día, aquella oriental, despertó en mí una gran curiosidad y una admiración especial, sí, porque nunca se vanaglorió de su trayectoria ni méritos, por más que le sobraban.

Allí en la calle Quinta #152 /Ave, Varona y Sexta, en el Reparto Puerto Príncipe, de nuestra ciudad, con sus 92 lúcidos años, vive Gladys Eugenia Castañeda Pompa, esa señora de la que hoy les hablo, cuya historia de vida me cautivó siempre, pues me contaba que allá, en la lucha clandestina, cuando era miembro del Ejército Rebelde, le tocó en más de una ocasión conducir vehículos para el traslado de medicamentos para atender a los rebeldes de un hospital de campaña en la Sierra Maestra, y con una gran satisfacción, me decía que su licencia de conducción estaba firmada nada más y nada menos que por el General de Ejército Raúl Castro.

Miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana desde su fundación, esta capitana, quien estuvo al frente de 48 hombres, que supo lo que era una prisión antes del triunfo revolucionario, y fue hasta violada por el renombrado esbirro Pata de Ganso, y compartió la jefatura de acción y sabotaje con Lester Delgado, en nuestra ciudad, aún recuerda pasajes vividos y siempre se encuentra dispuesta a dialogar y ofrecer sus vivencias a estas generaciones que podrán ,además de disfrutarla y admirarla, como lo he hecho yo siempre, comprobar que pelos en el pecho no tiene, pero si un gran corazón que ha sabido controlar, a pesar de tantos dolores sufridos y tantas perdidas vividas.

A ella, a Gladys y su linda familia, creada con el gran amor y sacrificio que siempre lo hizo, llegue entonces todo el cariño, el agradecimiento y la satisfacción de esta simple y humilde camagüeyana que, contó y cuenta con su valiosa amistad.

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