Un veedor de este tiempo

1Eduardo Rosales tiene el espíritu antiguo, porta en su obra la cosmogonía de aquellas primeras personas que habitaron nuestra Isla. En él se vuelve inevitable la conectividad contenido – forma – alma con el mundo aborigen.

Nos lo ha dicho desde exposiciones anteriores y ahora lo regala durante la VII Jornada de la Diversidad Cultural para el diálogo y el desarrollo, con su nueva muestra “Veedores del silencio”, espacio posibilitador de disímiles lecturas y potenciador de reflexiones en torno a nuestros orígenes. Con Rosales siempre se regresa a las raíces.

Como el río debajo del cual sus márgenes se convierten en una misma tierra, constituye el término ´veedores´ una acertada elección para conciliar ambas orillas, la de público/artista vigilante de la zona histórica y cultural aborigen – tan silenciada y urgente de estudio – y la de las obras, suerte de observatorio desde donde nace un reclamo a voltear la cabeza al pasado.

Madera, cerámica esmaltada y pigmentos minerales y naturales, recrean imágenes que remiten a las pictografías aborígenes en las cuevas, replanteadas desde el sincretismo, la transculturación, pero sobre todo desde Cuba. Sentir el sabor del casabe y la miel que Rosales obsequió a los presentes, a través de una obra instalativa, y (re) pensarnos, es un mismo acto de movilización y salvación humana.

Eduardo Rosales nos entrega en la Casa de la Diversidad Cultural Camagüeyana una muestra donde la revalorización de lo autóctono – lo nuestro cubano – se vuelve impulso hacia la salvaguarda de la cultura nacional.

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