Y si de ruidos se trata…

MSc. Mabel Aladro Ruíz (Colaboradora)

¿Y los ruidos son ahora una moda?  Sí, porque creo que la vida se nos está convirtiendo en gritos, voceamos de una acera a la otra, de una esquina a la otra, de un aula a otra, haciendo  una cola en cualquier lugar, hasta en el cine, lugar que hace años no se podía oír ni una mosca mientras rodaban la película. Pero, ¿y qué decir de los creativos bici taxis con sus novedosos  aditamentos acústicos que se convierten en ocasiones hasta en naves espaciales?, de este tipo de cosas, como dijera mi abuela:…de esos Marcos Pérez hay muchos en Buena Vista…

Ya no se puede hablar y mucho menos  enamorar  en casi ningún centro nocturno, pues la música, mientras más alta esté, mejor y más satisfechos se sienten los encargados de poner el audio, sí, porque desde mi punto de vista, si fueran verdaderos profesionales de estos equipos sabrían lo dañino que resulta para aparatos y personas ponerlos a un volumen excesivo e inadecuado.

¿Y qué me dicen de las personas que a altas horas de la noche están contentos celebrando cualquier acontecimiento y además de poner aquella música extremadamente alta, porque la emoción y los traguitos no les hace darse cuenta de que el resto del vecindario trabaja al otro día, o tienen ancianos que se desvelan y deben  hacerle hasta  una infusión de tilo a ver si concilian el sueño, o simplemente quieren ver con tranquilidad la televisión que afortunadamente con su programación nocturna y de madrugada logra complacer a tantos actualmente?

No, pero la cosa no queda allí, ¿y los vecinos que poseen sus mascotas, casi siempre perros, y mientras no están en sus casas los dejan en el patio a merced del agua, sol y sereno hasta que algún miembro del núcleo familiar llegue y buenamente les abra  y los atienda después que ya los pobres están roncos de tanto aullar y no han dejado dormir a sus colindantes la siesta o la noche, porque se da el caso de que llegan de madrugada? Esto es infernal, sencillamente, y se los digo con total conocimiento de causa, pues, amigos míos, he sufrido en carne propia estos desatinos, que conste, todos ellos; claro en determinados momentos, porque si fueran todos juntos creo ya habría parado acudiendo a ver a un especialista.

Me parece que se impone como otros tantos temas que reflexionemos en el respeto a nuestros semejantes y cómo podemos cada uno mejorar la convivencia comunitaria y favorecer  las buenas costumbres y hábitos ,esos que desde la casa debemos enseñar a nuestros niños y jóvenes para que futuramente respeten y sean respetados ,pero además  así también lograremos que nuestros profesionales  o sencillamente obreros que trabajan en estas labores se preocupen y ocupen de proteger la salud auditiva de transeúntes  y personas que van buscando esparcimiento y quieren esparcirse un rato ,y muchas veces no lo pueden lograr porque llegan nuevamente a sus casas más estresados de lo que salieron.

Si no han pasado por estas experiencias, los felicito verdaderamente, porque lo que es a mí, me han ocurrido estas y muchas más que les prometo  las dejaré para contarlas en futuros comentarios.