Por Yaneli Acosta Galindo y Daris Rondón Laurencio
Nace el 27 de enero de 1842 en la ciudad de Santa María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey. Fueron sus padres Ana Castillo y Don Pedro Castillo Betancourt. Desde muy temprano apareció en su vida una gran afición por las letras, la que le sirvió para ser una de las más destacadas periodistas del siglo XIX.
Realizó sus estudios bajo la dirección de Don Fernando Betancourt, quien le facilitó sus primeros conocimientos de literatura, escritura, gramática y aritmética en la propia casa de la joven, ya que los padres no tenían otras posibilidades. Por motivos políticos, en el año 1851 el profesor tuvo que salir de Cuba y la educación de ella, con solo nueve años, quedó confiada a sus propios esfuerzos.
En 1874 contrajo matrimonio con Francisco González del Hoyo, teniente coronel del ejército español que simpatizaba con la causa mambisa. Al año de casada, González protesta contra el fusilamiento de los cubanos Antonio Luaces Iraola (doctor) y Miguel Acosta, por dicha acción fue expulsado de Cuba; parte hacia España mientras Aurelia lo acompaña.
En 1884 realizó, en compañía de su esposo, un corto viaje a los Estados Unidos, al regresar se establecieron en Guanabacoa, ciudad donde Aurelia participó en las Conversaciones Literarias auspiciadas por José María de Céspedes.
En 1895, Aurelia enviudó y poco después tuvo que volver a salir de la Isla, en esa ocasión expulsada por el sanguinario Capitán General español Valeriano Weyler, acusada de simpatizar con la causa del separatismo.
Residió en Barcelona hasta 1898 y al terminar la guerra necesaria volvió a Cuba para fundar el asilo Huérfanas de la Patria. Cooperó con las acciones conmemorativas que acompañaron el emplazamiento de la estatua de Ignacio Agramonte, en el parque que lleva el nombre del patriota camagüeyano
Con más de siete décadas de vida, Aurelia presidió la comisión que se encargó de los festejos para celebrar en Cuba el centenario de la destacada poetisa camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda. Tuvo a su cargo el cuidado de la poesía en la primera edición de las Obras de José Martí y colaboró además en las revistas Social y Cuba Contemporánea.
Murió el 6 de agosto de 1920, en su amada patria. Su impronta quedará por siempre grababa entre estas calles de adoquines e historia que la vieron crecer.
