Una crítica constructiva para crecer

Foto: Heriberto Valdivia Jiménez
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Hace solo unos días el periodista holguinero Abdiel Bermúdez, junto al fotógrafo Rafael Oramas realizaron un reportaje televisivo en el que hablaban de la ofensa al ornato público; y me llamó poderosamente la atención, pues se referían a determinadas indisciplinas sociales que afectan incluso a nuestro patrimonio y yo que ya tenía pensado escribir algo relacionado con este tema, me animé a hacerlo aún más.

Quiero referirme a estas lamentables conductas pues me percaté que no son privativas de la ciudad de Camagüey, pues al escuchar al ya mencionado trabajador de la prensa lo corroboré.

Es nuestra ciudad

La villa celebra un año más de que la UNESCO declarara a parte de su Centro Histórico como Patrimonio Cultural de la Humanidad, condición que como todos conocemos, y ya ha sido reiterado por los diferentes medios nos compete a todos , y nos compromete a velar por su salvaguarda. De no cumplir con los requisitos por los cuales se nos otorgó dicha condición,  podemos perderla y claro está creo que a ningún camagüeyano le gustaría que esto pasara.

Por tal razón y porque he visto en estos últimos tiempos algunas anomalías con las que al parecer todos convivimos y pasamos de puntillas o bajamos la acera y hasta esquivamos pasar por eso sitio; es que he querido reflexionar en ello.

¿A qué me refiero?, pues a los “charquitos” de orine con los que tropezamos en diferentes calles, callejones, esquinas, detrás de algún banco en algún lugar público o parque, en fin…, desafortunadamente, las calles están plagadas de estas indisciplinas.

Pero voy más allá…

Los individuos inescrupulosos que lo protagonizan, en muchas ocasiones, ni se esconden para hacerlo. No, he vivido estas experiencias incluso en pleno día y en lugares muy céntricos donde la afluencia de personas es bastante populosa, pero aun  así, estos “especímenes”, ni se inmutan y se beben una, otra y otra cerveza y cada vez que lo necesitan van a destilarla donde primero se les ofrezca y con la desfachatez más grande del mundo.

Recientemente concluyó el San Juan, nuestra fiesta popular tradicional más importante no solo reconocida a nivel local sino también nacional, pues así ha sido catalogada por diferentes instituciones y el propio Ministerio de Cultura.

Grandes esfuerzos se realizaron para llevarlo a cabo y este año, a pesar de las dificultades, desde mi punto de vista se logró un festejo digno. Sin embargo, los hechos de indisciplinas, falta de cuidado y de pertenencia hacia donde vivimos, se evidenciaron.

Por citar ejemplos

Algunos de los tanques plásticos colectores de basuras que se encuentran situados en varias esquinas y entre calles de la ciudad, fueron colmados de todo tipo de residuos, sin tener en consideración lo dañino que resulta porque son muy fuertes, pero no soportan el peso de ciertos materiales de deshechos como piedras, restos de repellos constructivos y otros que inescrupulosamente vierten en los mismos.

Y les cuento más, en plena calle Maceo, uno de esos días ya avanzada la noche, los desechos líquidos de una vivienda llegaban casi a medio bulevar por donde, desde luego todos los que por allí transitábamos le pasábamos por encima contribuyendo al fanguero y la suciedad.

Afortunadamente estos son hechos aislados. No toda la población comulga y sobre todo casi nadie los aplaude, pero, hay que combatirlos, pues mientras ocurran será imposible enorgullecernos por completo de nuestra ciudad, la cual por sus edificaciones, conjuntos arquitectónicos, paisaje, tradiciones vivas, y otros tantos atributos; se le entregó hace ya casi once años, un reconocimiento que nos hace sentir plenos. Unámonos todos para combatir lo mal hecho, la chapucería e integrémonos de verdad a la campaña “Ciudad que vivo , ciudad que soy”.

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