Hace unos días, llegaron a mi casa los jóvenes Roxana y Jesús, con unas fotos que tomaron del Parque Agramonte y les emocionó la experiencia. Ella es estudiante de sexto año de medicina y él es enfermero. Querían compartirme todo lo bello y admirable que encontraron al mirar nuestra plaza fundacional desde el campanario de la Catedral.

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Cuando el 28 de septiembre de 1960 Fidel Castro convocó a constituir los Comité de Defensa de la Revolución frente a las agresiones imperialistas y sus aliados internos, estaba naciendo una organización del y para el pueblo revolucionario y unido que constituyó un aporte al proceso revolucionario cubano y a los movimientos nacionales, progresistas o revolucionarios de otros países decididos a defenderse de sus enemigos de clases y reacción internacional.Era una organización, nunca antes vista, ni siquiera parecida a otras en diferentes países.

Cuántas veces el joven Manuel Cañete Ramos había salido de su casa sin decirle a sus familiares el motivo; es imposible calcularlo. En la segunda quincena de septiembre de 1958, lo hizo por última vez.

Ante el empuje de la Revolución Cubana con sus medidas populares, democráticas y antimperialistas en 1959, se pusieron en marcha las fuerzas contrarrevolucionarias que representaban a la oligarquía mal llamada cubana y el gobierno de los Estados Unidos. En los meses de febrero y marzo de 1960, el presidente Eisenhower visitó varios países latinoamericanos promoviendo, entre otras cosas, la creación de un frente común contra la “injerencia comunista”, en franca alusión a Cuba. Era una agresiva maniobra diplomática, con promesas económicas y presiones políticas a los gobiernos de esos países, para ganar la complicidad de los gobiernos de la región y crear las condiciones que permitiera condenar a Cuba en la mal llamada Organización de Estados Americanos, OEA.

El acto de conmemoración del asalto al carro celular, desde donde se evoca la audaz gesta de los camagüeyanos que estremeció a la ciudad de Camagüey, aquella mañana de 1958, bajo la dirección de Noel Fernández, se realiza hace más de 15 años. Reúne a distintas generaciones, para rememorar el suceso que cambió el destino de los revolucionarios que allí viajaban, rumbo a ser juzgados por el régimen imperante.