La Ciudad de los Tinajones guarda en el corazón de su trama urbana, en un viejo espacio un palacio, que ya no proyecta sombras chinescas ni melodías de órgano. Es el Teatro Ramón Virgilio Guerrero, conocido por todos como el Teatro Guerrero, una sala de sueños que nació para el pueblo.
Pocos saben del camagüeyano que mereció una estatua de cuerpo entero en el Parque Casino Campestre en Camagüey, obra que fuera colocada con suma justeza muy cercana a la del patriota Salvador Cisneros Betancourt.
La historia tiene sus caprichos, puede unir a los hombres, para bien o para mal; en el caso de los camagüeyanos Juan Canino Rodríguez y Antonio Suárez Domínguez, los unió en el nacimiento, la vida, la lucha por una causa justa, la libertad, contra el crimen y también, los unió en la fecha y forma de sus muertes, asesinados por la dictadura de Batista.
Nuestra ciudad tiene el honor de haber visto nacer un 3 de diciembre de 1833 al eminente médico e investigador Carlos J. Finlay. Su madre de origen francés y su padre destacado oftalmólogo escocés contribuyeron de manera notable a la formación de su personalidad y desarrollo profesional.
Disertar acerca de Fidel no resulta fácil por las diversas dimensiones de su vida, al arribar hoy a su centenario.
Vale recordar que al amanecer del 13 de agosto de 1947 permanecía acantonado, junto a otros mil hombres, en Cayo Confite, posición geografía a 44 millas de la ciudad de Nuevitas y una superficie de 0.25 kilómetros cuadrados.
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