Cuando el ejército del Directorio Revolucionario 13 de Marzo que combatían en el Escambray, en octubre de 1958, enviaron una fuerza a operar en la zona noroccidental de la provincia de Camagüey, la nombraron Comando Reinaldo León Llera, un homenaje al combatiente revolucionario que había caído en el asalto al Palacio Presidencial.
El historiador Gustavo Sed Nieves le dedicó textos, pero antes de consultarlo fue de boca del desaparecido investigador y periodista Eduardo Labrada Rodríguez la primera vez que escuché de Antenor Lescano Noy. Su nombre me sonó a un personaje de telenovela brasileña, pero si José Martí lo citó, entonces su pluma fue valerosa…el Antenor del Camagüey cursó estudios en Flandes y luegohincó espuelas en la manigua.
Hablar de Ángela Coello Huerta, es hablar de una dama que supo romper moldes en una época donde el destino de las mujeres parecía escrito antes de nacer.
En una familia de once hermanos, seis varones y cinco hembras, hija de un simple chofer de guagua, creció en esos tiempos difíciles antes del triunfo revolucionario de 1959. Cuando no todo el mundo lograba la posibilidad de tener lo que quería y menos de estudiar.
Fidel fue un hombre, un revolucionario, un estadista difícil de olvidar por su grandeza a favor de los pobres, de la justicia social y por la virtud de ser capaz de avizorar el futuro y volver al presente.
Es sabido que la situación económica, social y política de Cuba a fines de la década de 1920 y principios de la de 1930, provocada entre otros factores por el subdesarrollo agravado a partir de 1902 y agravado por la crisis cíclica del capitalismo de 1929 al 33, la dictadura de Gerardo Machado, la influencia internacional de ideas revolucionarias y la maduración de la conciencia nacional, engendró una situación revolucionaria.
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