Cada mañana de camino al trabajo, al ver la casona de la Avenida de los Mártires, ubicada en la intersección con la calle Gonzalo de Quesada, hermosos recuerdos de mi infancia afloran a la memoria, a través de su abigarrada fachada puedo recordar al pianista sentado a la banqueta con sus manos en el teclado y el rostro feliz.
Salvador Cisneros Betancourt fue el cubano de más larga vida política de fines del siglo XIX y principio del XX. Líder del pueblo camagüeyano en las guerras de independencia, donde los militares se robaron los papeles protagónicos y a los civiles les correspondió ——con o sin razón—— muchas veces ser responsables de errores que perjudicaron la contienda militar; Cisneros fue cima del “bando de los civiles” y muchas veces responsabilizado con tales desaciertos. No obstante, solo la personalidad de Ignacio Agramonte impide que veamos a Cisneros como el primero de los patriotas camagüeyanos.
Contó José Martí con hombres esenciales para dar impulso y continuidad a la gesta definitiva de la Guerra de Independencia de 1895. Entre esos leales, compartió planes y tareas con el camagüeyano Fernando Figueredo y Socarrás.
Los camagüeyanos sentimos sano orgullo por ser los primeros en muchas cosas. Voy a citar algunas de esas que nos hacen únicos, a propósito de celebrarse nuestro aniversario 512.
En la mañana del 29 de enero de 1812 a las 6: 00 de la mañana en la Plaza de Armas, hoy Parque Agramonte, fueron ahorcados los ocho cabecillas de la rebelión de Aponte en Camagüey: José Miguel González (mandinga), Calixto Gutiérrez, Pedro Manuel, Pablo, Nicolás Montalbán (mandinga), Fermín Rabelo (carabalí), Bartolomé (mandinga), José (congo).
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