Para lograr esta Crónica de un artista catalán que esculpió la fe en la Ciudad de los Tinajones, caminé varios días detrás de sus obras, tan habituales en las iglesias que muchos han olvidado las dotes de su autor y hasta su nombre.
Nació Enrique José Varona de la Pera en el Camagüey histórico, rodeado de principeños que llegarían a descollar con el tiempo. Tuvo la dicha, por demás, de nacer y crecer a pocos pasos de donde se fraguó la conspiración libertadora del 68, la logia Tínima Nro. 16; y con los años a ganar el aprecio de José Martí.
El bachiller Ignacio Agramonte Loynaz provenía del sector intelectual terrateniente y así pasó a ser el secretario de la asamblea de Guáimaro en abril del año 1869. Cónclave en que proyectaría su pensamiento (democrático-radical-liberal) para impulsar la creación del Estado Nacional Cubano. Pero ante la urgencia de la lucha liberadora y porrespaldo al presidente Céspedes, solicitaría dejar su escaño cameral para asumir el mando militar del Camagüey.
El 31 de maro de 1959 se creó la Imprenta Nacional de Cuba, dirigida por Alejo Carpentier. Este hecho amplió el acceso a la lectura de manera significativa en nuestro país. Las primeras ediciones se acercaron a obras cumbres de la literatura mundial, así llegaron títulos como El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes y Saavedra.
Asistir a un ensayo de su última obra fue un privilegio, pues tuve la fortuna de recibir una función o estreno particular. ¡Qué lujo, verdad!
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