Si usted visita el Centro de Interpretación de la Ciudad Patrimonio, o como comúnmente le dicen los habitantes del terruño, la Maqueta de la ciudad, indagará entre asombro y tal vez desconocimiento por una de las maquetas que recrea el antiguo edificio de la Real Audiencia de Santo Domingo, hoy sede del Tribunal Provincial de Justicia.
Esa interrogante lo conducirá por la historia de una de las instituciones más importantes que existió en el siglo XIX y que representó para Puerto Príncipe un estímulo en la organización socioeconómica, fundamentalmente en el ámbito educacional y cultural.
¿Qué era la Real Audiencia?
La respuesta más sencilla es la representación jurídica de la metrópolis española para Hispanoamérica, establecida en sus inicios en Santo Domingo en 1511 y trasladada a Cuba, Puerto Príncipe, el 27 de noviembre de 1797, por Real Auto del 23 de mayo de 1795.
Sin embargo, por la dilatación propia del aparato burocrático metropolitano, se hizo efectiva el 31 de julio de 1800, la Audiencia tenía en sus inicios jurisdicción en Cuba, la Luisiana y la Florida, años más tarde la pérdida de los territorios de Puerto Rico, la Florida y la Luisiana, así como la creación de la Real Audiencia de La Habana en 1838 y de Santiago de Cuba en 1871, limitaron su jurisdicción.
Su llegada a Camagüey, significó una mixtura ideológica que tuvo como punto de referencia las ideas ilustradas que se percibían desde aquellos albores del siglo decimonónico. Es innegable que, con la pluralidad de los procesos judiciales discernidos en la ciudad, la misma se convierte en la capital jurídica y universitaria del territorio y más allá de sus fronteras.
Por otra parte, se asientan familias dominicanas, entre ellas los Pichardos, los Bernales, los Herreras, los Sterling, que imprimen junto a los más jóvenes de las familias locales como los Agüeros, los Betancourt, los Cisneros, los Agramontes, entre otros apellidos ilustres del Camagüey, que propician un despegue interesante en los proyectos ilustrados y progresistas de carácter económicos, cultural, educacional y político.
Y así, las propias ideas humanistas e ilustradas van conformando un entramado anticolonialista que se fusionan con las miradas nacionalistas de los criollos que ocuparon cargos, pese a las limitaciones propias de sus clases e intereses.
Las expresiones independentistas, como La Cadena Triangular de Puerto Príncipe, el levantamiento de Joaquín Agüero y otros camagüeyanos, en 1851, la represión del general José Lemery conllevan entre otras causas a consumar su traslado a La Habana en 1853.
Posteriormente regresa a la ciudad camagüeyana indistintamente, en 1868 se ubicó en el Convento de La Merced.
Hoy, la sede del Tribunal Provincial, convida a desentrañar la influencia de la Real Audiencia, aquella que en la memoria cultural transitó hasta casi hacerse criolla con el nombre de Real Audiencia de Camagüey, y que legó entre modos de ser, costumbres, ideas ilustradas, arquitectura, enfrentamiento entre progreso y conservadurismo, una región reconocida como enigmas para los investigadores.


