El cementerio general de Camagüey es el más antiguo del país en funcionamiento, los 205 años de fundado ameritan su preservación. Diversos estilos arquitectónicos de alto valor patrimonial nos recuerdan a los de la ciudad, solo que estos son las moradas de la eternidad.
Por tales razones, la Oficina del Historiador convocó a su equipo multidisciplinario, a la dirección Provincial de Servicios Comunales y a los artistas del Fondo de Bienes Culturales, para realizar una intervención en puntos de interés histórico, que ya recuperan los detalles e imagen.
Los sitios de intervención son el primer y segundo tramo, algunas bóvedas en las calles tercera, cuarta y el panteón de los combatientes caídos en misiones internacionalistas en África.
Mientras se trabaja en los pormenores de los sepulcros, quiero acercarlos a las historias de cada personalidad que hallaremos en un recorrido por los caminos a la eternidad.
La ruta de hoy va por el cuarto tramo al final y es la obra de mayor envergadura que se acomete en el cementerio, se trata del panteón de los caídos en las guerras de África.
El traslado de los restos mortales de estos internacionalistas el 7 de diciembre de 1989, hasta sus territorios natales por toda la isla, se le conoce como Operación Tributo.
Tributo a la memoria
Se acercaba diciembre, Albertico había cumplido misión internacionalista en Angola, estaba muy ansioso y triste, sus recuerdos de aquellos 2 años como enfermero en el poblado de Cuito, muy cerca de donde fue la sangrienta batalla de Cuito Cuanavale, cambiaron su vida.
Los recuerdos se agolpan en la memoria como las cuencas de un collar, sí, el que trajo a su regreso obsequiado por amigos nativos, los cuales lo despidieron deseando su protección y que no se marchara; pues quedarían sin asistencia médica en el asentamiento.
Quiere contarme su experiencia pero se le rasga la voz, los ojos se llenan de humedad y la emoción no permite el diálogo. Acaba de conocer que para el natalicio de Antonio Maceo llegarán a la patria los restos de cerca de 2000 mártires cubanos, que perdieron la vida ayudando a varias naciones africanas a liberarse del colonialismo.
En mi preuniversitario de Ciencias Exactas avisaron que asistiríamos todos a rendir tributo, en el Museo Provincial, a los camagüeyanos caídos en las guerras de Angola, regiones de Etiopía y Namibia. Entonces comprendo la causa que tiene consternado a Albertico.
Las honras fúnebres
Aunque los años han borrado de mi memoria algunos detalles, recuerdo con gran nitidez aquel 7 de diciembre de hace 30 años, las expresiones de tristeza y desesperación de muchas familias de mis compañeros de aula.
Despedían allí a un tío, un primo, algunos a su padre y aunque en menor número, otros habían perdido a su madre, una tía o la hija doctora, que decidió llevar sus conocimientos médicos a los más necesitados.
Los salones de mayor tamaño de la institución mostraban las pequeñas urnas con los nombres de los compatriotas, hombres de bien, que ofrendaron sus vidas a la paz del continente olvidado.
El paso constante de personas que en filas interminables colmaban La Avenida, fue el mayor gesto de homenaje del pueblo camagüeyano ante sus guerreros.
Al terminar la velada, los armones recorrieron las calles principales de la ciudad, banderas y lágrimas en el rosto de miles de ciudadanos, acompañaron los restos con rumbo al cementerio, donde en un enorme panteón descansarían para siempre en su suelo natal.
En síntesis
Pasaron los días y sabiendo a sus compañeros de lucha en suelo cubano, Albertico me ofreció terminar la conversación que truncaron sus emociones la víspera del sepelio.
No bastan las palabras para describir una misión de guerra o a la guerra en sí. Son pocas las interioridades que podemos imaginar de un soldado atrapado bajo el persistente bombardeo por tierra y aire del enemigo, me dice.
Muchas veces desperté en aquel sitio lejano, asediado por la duda de si una letal serpiente se metería esta noche dentro de mis botas, hostigado por el calor abrasador o las gélidas noches solo pensaba en el barrio, en mi familia…en volver.
Siempre estaba preocupado por la vigilancia de la unidad desde una lúgubre posta, en soledad… por querer ser útil y vivir para contarlo, pero que también vivieran mis compañeros y todo el herido que llegó a mis manos.
Al rememorar la historia de este amigo, que puede ser la de cualquiera de los caídos en las luchas africanas, pienso que no hubo mejor homenaje al Titán de Bronce, que el de trascender en las páginas de gloria patria, porque todos desde sus trincheras, se inscribieron en ellas para siempre.


