Si existe un proyecto al que la Oficina del Historiador de nuestra ciudad le concede especial importancia, es justamente el de Tarjas y monumentos; pues la conservación de estos lugares es de gran valor para cualquier poblado, ciudad, provincia y país.
Cada 18 de abril se festeja el día que se les dedica internacionalmente a estos lugares, o sea, a los Sitios históricos y a los Monumentos; a los que en ocasiones se les pasa por al lado sin siquiera darnos cuenta nos damos, pero, que constituyen inapreciables tesoros de cualquier comarca. Hechos históricos, caída de mártires, emblemáticos sucesos, y tantos otros aspectos de la vida y la identidad de un territorio; guardan estrecha relación con estos sitios.
En esta labor se imbrican varios organismos, organizaciones, instituciones, asociaciones y entidades de todo tipo; que de conjunto se ocupan de confeccionar programas y planes de acciones para el cuidado y preservación de los mismos, así como de su promoción entre las nuevas generaciones.
En el mes de mayo del 2022 fue aprobada, por la Asamblea Nacional del Poder Popular, la ley 155 de ese propio año, nombrándose: “Ley General de Protección al Patrimonio Cultural y al Patrimonio Natural”. Esta tiene como objeto, como su nombre lo indica, regular la protección del patrimonio cultural y natural de la nación, la importación y exportación de los bienes culturales, inscriptos o no como patrimonio cultural, los sujetos de la gestión patrimonial y sus atribuciones generales; entre otras cuestiones afines.
Esta nueva ley, mucho más abarcadora que las anteriores, incluye también el patrimonio que puede tanto entrar como salir del territorio cubano; asunto que también ha sido una gran misión por parte del Ministerio de Cultura, durante muchos años.
Considero que ahora, más que nunca, debemos unir fuerzas y donde quiera que exista una tarja, una placa conmemorativa, un monumento, un sitial histórico; deben llegar las escuelas cercanas, los centros laborales, la Asociación de Combatientes, así como todos los miembros de esa comunidad. Todas estas voluntades, junto a la supervisión especializada, deben ser capaces de contribuir a protegerlos y enaltecerlos; sobre todo, no permitir que sean dañados o irrespetados bajo ningún concepto, pues los sitios y monumentos históricos de la nación, pertenecen y forman parte de la historia de todos.


