Óigame, prácticamente acaba de comenzar la desescalada del virus en su segunda fase en esta provincia; y al asomarme a la puerta de mi casa para ver un poco de mi ciudad me percato que en solo dos minutos de mi estancia allí, las cosas pueden complicarse si no soy lo suficientemente responsable con las medidas orientadas en el país.
Pues bien, volviendo a los conejos de España, como decía mi abuela y reza ese dicho popular cuando queremos volver al tema que nos ocupaba; allí, estando de pie en solo ese corto tiempo que les comenté, observé varios ciclistas, otros tantos bicitaxistas y no sé cuántos transeúntes sin nasobuco. Entonces me dije: pero bueno si esto es en sólo dos minutos, qué podrá pasar en dos horas o dos días, en las calles República o Maceo por solamente poner estos ejemplos de vías muy transitadas, arterias totalmente comerciales.
Y claro me respondí de inmediato, cuando también por necesidad tuve que ir por esas calles. Muy pocos con la mascarilla protectora, sí, porque en ningún momento han indicado quitársela donde existan personas y colas y las aglomeraciones abunden.
Les confieso que me ha preocupado sobre manera, pues ya la población posee suficiente información y cultura preventiva de salud como para no cometer estas indisciplinas, las cuales no solo afectan a las personas que incurren en ellas; sino a todos los que compartimos el entorno.
Recientemente tuve la posibilidad de ser invitada al programa televisivo “Del Camagüey’’, con motivo de celebrar un año más de la declaratoria por la UNESCO de parte de nuestro Centro Histórico como Patrimonio Cultural de la Humanidad. En el espacio cultural comenté mis experiencias de aquellos días y como tal condición puede venirse abajo con solo descuidarnos y quedar solo en el recuerdo el esfuerzo de tantos.
Por eso insto a mantener nuestro patrimonio, ese que disfrutamos hoy y que dejaremos a las futuras generaciones de camagüeyanos, pero para ello no podemos pensar solamente en comer; pues también como dice ese proverbio:“…no solo de pan vive el hombre…’’,tenemos que alimentarnos y buscar lo indispensable haciendo las largas filas que por estos tiempos se imponen; pero necesitamos también alimentar nuestra cultura sin olvidar la disciplina social, la higiene de la ciudad, que tanto nos preciamos de poseer, el cuidado de las paredes, bancos, todo ello constituye nuestro patrimonio.
Si no lo hacemos hoy, mañana estará destruido y los que nos sucederán no podrán gozar de él, convirtiéndonos entonces en responsables de su destrucción. Felicitemos entonces a nuestra gente y a nosotros mismos una vez más, por vivir y ser parte de esta linda y legendaria ciudad; pero reflexionemos también en nuestro modo de cuidarla y de actuar, estoy segura siempre podremos hacer mucho más por ella, por esa anciana que nos acurruca con más de cinco siglos de historia.


