La Ciudad de los Tinajones, desde la década del 70 del pasado siglo, es protagonista de un cambio significativo en el paisaje urbano. Diversos espacios públicos y edificaciones hoy muestran el resultado de un proceso de restauración, rehabilitación y cambios de uso para el bien de la urbe y sus habitantes.
Su centro histórico, a poco más de cuatro décadas de haber sido declarado Monumento Nacional de la República de Cuba, siempre tiene algo nuevo que descubrir; tanto por visitantes como por lugareño. La perfecta conjunción de sus diferentes periodos arquitectónicos lo hace especial.
Monumento Nacional
Para realizar la investigación del área que sería incluida, se contó con el apoyo de la Oficina Técnica de Restauración y Conservación del Patrimonio y la Universidad de Camagüey, allí se establecieron los límites físicos, que abarcaron los ríos Tínima y Hatibonico, la línea del Ferrocarril y la Carretera Central; luego, por sus valores históricos y arquitectónicos, se incluyeron las barriadas de La Caridad y La Vigía.
Por eso, es la ciudad cubana con el centro histórico más grande. La misma está conformada por unas 14 mil 300 edificaciones, de ellas cerca de 13 mil son viviendas y el resto instituciones de diversos usos; en su mayoría inmuebles de significativos valores patrimoniales.
En ese entramado urbano se destaca otra cualidad, que hace del Camagüey una ciudad única en Latinoamérica: se trata de su amplio sistema de plazas y plazuelas.
Al Centro Histórico de Camagüey le fue conferida la condición de Monumento el 10 de 0ctubre de 1978, pero no fue hasta dos años después, el 10 de noviembre de 1980; que se oficializó, tras su publicación en la Gaceta Oficial.
Una plaza que es el corazón de la urbe
Un punto vital del tejido urbano, es sin dudas su antigua Plaza de Armas, hoy Parque Agramonte. Algunas casas de alto valor patrimonial, en ese singular entorno, aún desafían el tiempo con su elegancia señorial.
El espacio ha sido el centro de grandes acontecimientos y escenario de varias hazañas de patriotismo, que valen la pena traer a la luz.
Quiero recordar la acción de desagravio y desafío al poder imperante, que tuvieron algunos camagüeyanos en 1851, tras el fusilamiento de Joaquín de Agüero y sus compañeros; pues la Plaza de Armas fue escenario para que las mujeres pasearan por allí con su cabello cortado y los hombres con traje negro, en señal de luto y dolor por los patriotas asesinados.
Evocando un entorno de tantos valores, corazón del centro histórico de Camagüey, que por demás lleva el nombre de nuestro héroe epónimo Ignacio Agramonte, creo justo recordar que hace 44 años, nuestro centro histórico forma parte de la lista de Monumentos Nacionales en nuestro país; gran motivo de orgullo para los hijos de esta tierra.


