Fidelio, aún hoy

Foto: Tomada de internet
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Por: María Antonia Borroto

Fidelio Ponce de León parece tener, en la actualidad, la misma condición fantasmagórica de su obra, incluso esta, al lado de las tantas anécdotas de su vida, parece esfumarse. Aquí mismo, en la ciudad donde nació, ¿qué sabemos de Fidelio? ¿Cuán cerca está de nuestro imaginario?

Rafael Suárez Solís dice de su pintura, en un texto publicado en 1948[1], que “hacía vibrar los matices hasta del blanco puro. Había encontrado el modo de educar a los ojos ajenos para la discriminación cromática de lo incoloro”.

Y cuenta un pasaje de su vida muy revelador, que para ser mejor comprendido debe ser situado en su contexto: cualquier aproximación, por breve que sea, a la vida de Ponce, nos dice que después de sus intentos de estudiar en la Escuela San Alejandro, desaparece de La Habana, “sin que se sepa mucho de su vida durante las ausencias por pueblos y ciudades del interior de las que está llena su biografía novelesca, matizada de alcoholismo, enfermedad, pobreza, marginalidad y dedicación absoluta al arte. Hacia 1930 reaparece en la capital y comienza a ser conocido por su asistencia a una tertulia habanera, donde se encontraba con Portocarrero, Mariano, Arche y Arístides Fernández, entre otros.” He tomado el párrafo de su ficha en la web del Museo de Bellas Artes de La Habana, donde también se dice que su exposición en el Lyceum, en 1934, fue toda una revelación.

En 1935, Suárez Solís, “a las órdenes gratísimas de José María Chacón y Calvo”, organizó la primera de tres exposiciones nacionales de Artes Plásticas en la sede del Colegio de Abogados. Fidelio fue, por supuesto, uno de los elegidos, mas estaba —continúa Solís— en “el peor momento de su bohemia y el mejor de su pintura”. En los salones de la exposición se aparecía “a dar conferencias informales frente a cada uno de los cuadros expuestos”. El resumen de su disertación solía ser en verso, “que unas veces ponía en solfa la obra y en otras al autor”. Y nadie, absolutamente nadie —“ni él mismo”— se libraba de “su sarcasmo inteligente”.

Cómo resolvió la situación Suárez Solís, pues algunos “agraviados” —las comillas son mías— querían dirimir el asunto a las malas, es algo que usted, caro lector, puede leer en el texto en cuestión, publicado en el sitio web El Camagüey[2]; yo prefiero, de momento, retener ese detalle que nos brinda una dimensión un tanto inusitada: Fidelio en tanto crítico.

Un crítico no a la usanza habitual, claro; tal vez, incluso, estoy siendo un poquito exagerada, pero lo cierto es —si le hacemos caso a Suárez Solís— que muchas personas acudían a ver la muestra movidos no solo por los cuadros expuestos, sino por escuchar los ditirambos del pintor; un hombre, al parecer, con mucha labia y con facilidades para la improvisación poética. ¡Qué sabroso sería escucharlo! ¡Qué risueño debió haber sido todo! ¡Qué largas las caras de los “agraviados”! Qué fondo de tristeza debe haberse sentido también en el aire… Fidelio, el enfermo, el alcohólico, el preterido; de pronto, poniendo a cada cual en su lugar, y con versos sarcásticos… O ubicándolos al menos en una jerarquía tal vez muy suya, libre de compromisos y poses.

Fidelio fue un autodidacta, ni siquiera salió de Cuba a llenar sus ojos con las obras expuestas en museos europeos, ni formó parte de tertulias con artistas allá, en el Viejo Mundo… Esas elucubraciones suyas nacerían, imagino, de una profundísima intuición, esa que, desgraciadamente, a veces solemos sepultar con lecturas eruditas y grandilocuentes ademanes.

En Ecured se dice de él que “fue una de las figuras célebres de la plástica cubana”. Muy mal elegido el tiempo verbal de esa oración. ¿Fue? ¿Es que acaso su celebridad pasó, o esta duró lo que su vida?

En el 39, nos dice Solís, fue “uno de los casos artísticos más admirados por el público y la crítica norteamericanos”. Aún hoy, ver sus cuadros —no las reproducciones, sus cuadros—, es sentir el misterio de esa intuición, la reverberación del blanco, como dice Solís.

[1] Rafael Suárez Solís: “Fidelismo”, disponible en https://www.elcamaguey.org/rafael-suarez-solis-fidelismo

[2] https://www.elcamaguey.org

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