Por: Oreidis Pimentel Pérez
La conmemoración del Día Mundial del Patrimonio Africano es relativamente joven, pues no fue hasta el año 2015 cuando la UNESCO lo instituyó para rendir homenaje a la riqueza cultural del continente donde surgió la especie humana y que paradójicamente se encuentra tan atrasado por siglos de esclavitud y saqueo.
Esta jornada busca reconocer, proteger y promover la herencia histórica y cultural de África, muy a menudo marginada o mal interpretada en la historia. ¿Cuántas veces se abordan los imperios y el desarrollo de esa tierra ardiente antes de la colonización blanca? Las clases más comunes de historia hablan de Roma, Grecia, India, el Medioevo, las Cruzadas, incluso Egipto, pero de la llamada “África negra” poco es visible en la historiografía respecto al Reino de Kush, Aksum (con su propio alfabeto), el imperio Kanem Bordu (en Chad), el imperio del Congo, Ghana, imperio de Mali (con millones de personas), las luchas contra los portugueses de la Reina Ana (Nzinga Mbamdi) de los Ngola o la de los zulúes al sur. Todavía hoy deambulan los turbantes azules de los tuareg sin creer en las fronteras coloniales.
África es cuna de la humanidad y hogar de impresionante diversidad de lenguas, tradiciones, expresiones artísticas y manifestaciones espirituales. A pesar de los desafíos del colonialismo, la esclavitud y los conflictos contemporáneos (étnicos y religiosos) los pueblos africanos han preservado y transmitido su patrimonio de generación en generación.
Este Día Mundial ofrece una oportunidad para sensibilizar al mundo sobre el valor del patrimonio africano, tanto material como inmaterial. La Unesco promueve en esta fecha el diálogo intercultural, el reconocimiento de la historia compartida y la necesidad urgente de proteger los sitios y prácticas en riesgo. Las guerras, el cambio climático, el saqueo y la falta de inversión en la cultura han puesto en peligro numerosos tesoros.
Un día como hoy, muchos museos organizan acciones de promoción educativas, exhibiciones, conferencias y encuentros comunitarios dentro y fuera del continente. También es una ocasión para destacar la contribución de la diáspora en la preservación y difusión de esta identidad global. De lado occidental del hemisferio, las tierras americanas recibieron millones de esclavos, cuyos descendientes hacen de Brasil el país con mayor población negra fuera de África; y en el caso de Cuba es evidente la similitud religiosa entre el candomblé y la Regla de Osha o santería. Otros puntos de confluencia lo hacen el vodú de los haitianos, con prácticas en la Mayor de las Antillas: el Caribe fue un crisol de pueblos extraídos a la fuerza desde sus orígenes, readaptados y mestizados hasta dejarnos costumbres propias.
Este día nos invita a reflexionar sobre cómo valoramos el patrimonio, al apoyar la inclusión social: preservar el patrimonio africano es preservar la memoria, la diversidad y la dignidad de un territorio inmenso que tanto ha dado al mundo desarrollado.
Conmemorar el 5 de mayo es una forma de rendir justicia contra la esclavitud, el saqueo, el olvido, la discriminación y de fomentar el respeto para un futuro equitativo.



