Dos árboles ha plantado con sus manos el Licenciado en Enfermería Alexis Torrens Llanes: el primero fue por ser el mejor graduado como técnico en 1989, el segundo, por ser título de oro de su licenciatura; pero al conocerlo podemos entender que ha plantado mucho más en sus pacientes durante casi 40 años de vida y salud.
Eso puede notarse al llegar a la sala de cirugía de mínimo acceso, donde lleva 30 años como jefe de sala de ese servicio, por lo que es una suerte de segunda casa para él y su equipo de trabajo. Esa vocación de servir y su pasión por hacer cumplir la ética en la enfermería lo han convertido en la mano amiga que sujeta a quien aguarda asustado por una operación, que por sencilla que parezca, siempre puede acarrear riesgos para la salud.
Un día común
Son cerca de las 9:00 de la mañana y la abuela Melva Lantigua Vega se prepara para una cirugía de mínimo acceso, para reducir un prolaxo uterino. Está algo nerviosa y la presión arterial está un poco alta. La medicaron para normalizar la presión. Cuando llegué a la sala, la anestesióloga estaba en su entrevista habitual, mientras Alexis medía los parámetros restantes que deben ser chequeados antes de entrar al salón.
Tranquila Melva, que en un rato estarás de vuelta y sin esa molestia que está limitando tu vida, todo saldrá bien: Dice con dulzura y ella sonríe.
Así son casi todos sus días, aseguran sus compañeras, porque además de excelente profesional es muy buen comunicador y esa dulzura que transmite al dar la bienvenida a los pacientes y familiares les ofrece paz y seguridad.
Esperé a que terminara de atender a Melva y entonces nos sentamos a conversar sobre experiencias indelebles, satisfacciones y el hondo pesar que le causa a este hombre de bata blanca, la falta de algún insumo que detenga la labor del servicio.
Vale acotar que ese procedimiento quirúrgico ofrece ventajas para la pronta recuperación, reduce la estadía hospitalaria del operado a 24 horas y le permite salir caminando y hasta sonreír al despedirse. “Esa alegría es una muestra de gratitud y el mejor regalo para el equipo”, asegura.
Memorias
Un repaso por la vida profesional de Alexis nos acerca a una carrera llena de emociones, sacrificios y anécdotas inolvidables.
Por eso con toda la humildad del mundo insiste en su llegada al sector como auxiliar de cocina. En el hospital pediátrico de Camagüey alternaba la elaboración de alimentos con la esterilización en el banco de leche. Así descubrió que la enfermería era el camino que deseaba emprender y logró ser escogido para el curso para trabajadores.
Continuó estudios superiores y pasó un curso de terapia Intensiva. En poco tiempo llegó a ser el jefe de ese servicio en el Hospital Provincial de Camagüey. Otras tareas enfrentó como supervisor, jefe de área, hasta que en 2004 se prepara para salir en un contingente a la hermana nación de Venezuela. Esa fue una de las experiencias entrañables que guarda en un lugar sagrado de su corazón.
Internacionalista
La misión José Gregorio Hernández, que llevó adelante el Presidente de la República Bolivariana, Comandante Hugo Chávez Frías, en aquel quinquenio, se encargó de visitar las casas más intrincadas en las montañas y hasta las cuevas donde viven muchos de los nativos del Municipio de Anzoátegui.
La misión consistió en repasar esos lugares inhóspitos, haciendo un levantamiento de los discapacitados del área, para ofrecerles una atención médica integral y entregarles los accesorios necesarios para mejorar su calidad de vida.
Con pesar repasa la extrema pobreza de algunas madres con hijos ciegos, sordos, paralíticos, con retraso mental y con parálisis cerebrales, que nunca habían recibido asistencia médica. Por eso se emociona al recordar la despedida de la misión, a la que asistieron en sillas de ruedas, con muletas y felices de poder andar. Aquel aplauso de gratitud a los galenos cubanos aún resuena en su memoria.
Por tal dedicación, al regresar a la Patria trajo como corona especial el premio “Casa Fuerte”, distinción que ofrece el Estado del departamento donde sembró salud, a los más destacados dentro del ejército cubano de batas blancas.
De regreso
Al regresar al Hospital Provincial Manuel Ascunce, donde labora desde su graduación, pasó un año en la sala de Hemodiálisis. Allá el trabajo es duro para mantener la salud de personas con insuficiencia renal, pero es gratificante ofrecerles alivio a su estado general.
Entonces se abrió la sala de Cirugía de Mínimo Acceso, donde hoy lo encontré y tuve la impresión de estar en un hogar de familia, pues la higiene es excelente, cortinas y sábanas coloridas adornan los dos cubículos y las 8 camas de local y la recuperación transcurre en un ambiente familiar y agradable, como en casa.

A esa familia se suman dos enfermeras: Thalía Victoria, que es la más joven; y Elsa Palacios, quien es la jefa del servicio, insiste en que el trabajo en equipo es la mejor distinción de ese colectivo y me pide que desde el umbral haga una foto a los del salón de operaciones, pues sin los cirujanos, anestesiólogos, instrumentistas y clínicos, no es posible realizar la intervención.
Ha sido una mañana muy instructiva, disfrutar de tanta profesionalidad y entrega, es digno de resaltar en tiempos tan difíciles, donde una sonrisa no cura pero alivia cualquier mal y esa la tenemos en estos profesionales camagüeyanos, para quienes el mejor día es el que lograron devolverle la salud a un ser humano.
Última vivencia
Casi al despedirnos, le pregunto a Alexis si tiene algún paciente especial. Sin pensarlo asiente y bajando el tono para no molestar a Melva que ya tiene bien la presión y vino el camillero a buscarla para su operación, comparte esta linda historia.
Hace poco un muchacho joven fue traído de la terapia intensiva para operar de una apendicitis complicada, la maniobra fue exitosa y regresó a la sala para cuidados del paciente grave. Cada mañana Alexis fue a visitarlo, hasta que recuperó la conciencia y días después fue dado de alta con toda la energía de sus veinte años.
Al despedirse le confesó que cada una de sus visitas era como la de “un ángel vestido de blanco”, pues podía oírlo y sentir la bondad de sus palabras al consolar a su madre. Una mañana al fin abrió los ojos y al verlo supo que se recuperaba. Un abrazo sin palabras hizo que aflorara un sentimiento especial entre el paciente y su enfermero estrella: la alegría por una vida salvada y la satisfacción por el deber cumplido.


