Yo por mi parte, porque no tengo títulos que me hagan superior a los demás, le confieso que presto ciego homenaje al mérito, porque aún teniéndolo yo, lo haría siempre que se tratase de Cuba, pues la deseo independiente de manos de quién venga […] pero como lo que poseo es fuerza moral, eso es lo que le brindaré llegado el caso […].
No es fácil escribir sobre Antonio Maceo. Hay que sostener la mirada, que es como sostenérsela al sol… Dulce María Loynaz.
Haced que nuestra bandera, símbolo de la libertad y la justicia, anuncie al mundo que la patria redimida abre incondicionalmente sus inagotables arterias de progresos a la civilización, para que bajo su amparo hallen todos paz y prosperidad.
¿Ud. no sabe que yo no entiendo la patria hecha pedazos y dividida en caciques territoriales? Siento tristeza cada vez que Cuba pueda pasar por eso y de ahí que me alegra cada vez que en mi Cuba se levantan hombres dignos, que se esfuerzan en ahogar esa mala semilla en su germen.
[…] debemos los cubanos todos, sin distinciones sociales de ningún género, deponer ante el altar de la patria esclava y cada día más infortunada, nuestras disensiones todas y cuántos gérmenes de discordia hayan podido malévolamente sembrar en nuestros corazones los enemigos de nuestra noble causa.
Sentimiento del deber
Es preciso que, a todo trance, usted y todos los que como usted tienen arraigado el sentimiento del deber, no desmayen en el cumplimiento del que tenemos para con nuestra patria, resistiendo y anulando, si fuera menester, a cuantos ponen por encima de sagradas obligaciones la satisfacción de personales ambiciones.
Mis deberes para con la patria y para con mis propias convicciones políticas, están por encima de todo esfuerzo humano; por ellos llegaré al pedestal de los libres ó sucumbiré luchando por la redención de este pueblo.
Siempre estaré por la salvación de la Patria sobre el triunfo de mis individuales intereses; y siempre estaré al lado del principio racional, aunque para ello necesite estar de frente con las condiciones del actual momento.
Nuestra Patria, la sufrida y hermosa Cuba
[…] nada a la verdad me es más grato ni satisface más cumplidamente mis nobles ambiciones – que no son otras que la de servir con mi espada a nuestra Patria, la sufrida y hermosa Cuba -, que marchar a la cabeza de vosotros, invencibles por nuestro valor, de fama universales por nuestro heroísmo.
Decir a los hombres honrados que se cuenta con ellos, implica poca consideración a sus contraídos méritos: los hechos les ha ligado con los defensores de la Patria e identificado con la causa de la libertad; no cabe diferencia entre el iniciador y el que procede de acuerdo con él.
[…] a los corazones honrados se les deshace el alma viendo que el tirano devora sus más caros intereses, la Patria y la familia.
¿Para qué queremos la vida sin el honor de saber morir por la Patria?
En cuanto a cumplimiento de deberes patrióticos, tengo la seguridad de ser “infalible” y si para bien de mi patria me cupiera la honra de “monopolizar la dignidad y el patriotismo cubano”, no rehusaría el honor que Ud. rechaza.
[…] todo es preferible a llevar consigo el pesado, el vergonzoso baldón de no haber luchado sin tregua ni descanso por nuestras libertades. ¿Para qué queremos la vida sin el honor de saber morir por la patria?
[…] mi ideal es el bien, asociado al Porvenir de nuestra Patria.
Yo tengo la grandeza de una causa conmigo, y ésta es la de mi país, a la cual tengo consagrados doce años de constante servicios, sin que a ello me haya impulsado más móvil que el anhelo de conseguir la independencia de mi patria, para obtener con ella la regeneración de un pueblo abyecto por la servidumbre de cuatrocientos años.
La Patria soberana y libre es mi único deseo
La Patria soberana y libre es mi único deseo, no tengo otra aspiración. Con la soberanía nacional obtendremos nuestros naturales derechos, la dignidad sosegada y la representación del pueblo libre e independiente.
[…] los servicios que he tenido la dicha de hacer a la Independencia de mi patria, impulsado por el deseo de conseguir para ella la mayor suma de felicidad, y experimentando al servirla la más pura y agradable de las satisfacciones, se reducen al ejercicio de un derecho y simultáneamente al cumplimiento de un deber, derivados ambos de las leyes ineludibles de la Naturaleza y de los progresos de la civilización contemporánea. Y ni el uso del derecho natural está moralmente sujeto a censuras, ni el cumplimiento del deber puede tener recompensa más alta y fecunda que aquélla que emana de la aprobación que nos da el juez inexorable de la propia conciencia.
Legado
No es fácil escribir sobre Antonio Maceo. Hay que sostener la mirada, que es como sostenérsela al sol. Dulce María Loynaz.
Bibliografía
Maceo, Antonio (1988) Ideología Política. Cartas y otros documentos, Vol. I y II. Editorial Ciencias Sociales.
Vargas Araya, Armando: (2012) El Código Maceo. El General Antonio en América Latina. Editorial Imagen Contemporánea.


