Amanecer de alegría y pletórico patriotismo

Foto: Cortesía del autor
Share on facebook
Share on twitter

Por: Enrique Atiénzar Rivero

La noticia corrió como pólvora en la ciudad de Camagüey. Fidel al amanecer de este domingo, 4 de de enero pero de 1959, encabezando la Caravana de La Victoria hizo la entrada triunfal a territorio agramontino con las fuerzas del Ejército Rebelde, quienes derribaran la oprobiosa dictadura de Batista.
Un hecho particularmente especial sucedió en la Cuna de la Constitución, a pocos metros de las instalaciones de la feria agropecuaria. Una familia de Celia Sánchez Manduley, la flor más autóctona de la Revolución, acogió al Líder de la Revolución.
Con Fidel al frente de los rebeldes tomaron Santiago de Cuba el 1ro. de Enero, y el Líder de la Revolución, desde el balcón del antiguo ayuntamiento se dirigió al pueblo, demostrando que esta vez los mambises sí alcanzaron la plena independencia.
Recordamos que al día 2 fue la partida de la Caravana de La Libertad, la que a su paso por poblados y ciudades recibió el saludo jubiloso del pueblo.
Como describí en una ocasión, no pasarían muchas horas del arribo a la provincia, por Guáimaro, en la fría madrugada del 4 de enero, proveniente de Holguín, de donde partió la noche anterior.
Cuando menos los pobladores de Guáimaro lo esperaban, él llegó a las inmediaciones del Parque de la Constitución. Durante el transcurso de todo el día anterior integrantes de otras columnas del Ejército Rebelde pasaron y saludaron al pueblo de la Cuna del Constitucionalismo cubano.
El grupo comandado por el líder de la insurrección, cercano al Parque de la Constitución, buscaba un lugar en el que tomar refresco o ingerir cualquier líquido para aplacar la sed; sin embargo, el más cercano de los establecimientos, el Parque Bar, estaba cerrado.
Fidel aceptó la invitación de un vecino de Guáimaro, Orlando Manduley, de ir hasta su casa, ubicada en la intersección de la calle Martí, No. 7 y Ana Betancourt, donde la familia acogió a los rebeldes durante unas dos horas.
Manduley, nativo de Cauto Embarcadero, en la provincia de Granma, estaba emparentado con Celia Sánchez, quien se hallaba entre la comitiva. Él no la conocía.
Al decursar de los años. Orlando Manduley Rivero, con solo ocho años, recordó en su mente la imagen de Fidel, de poner encima del refrigerador el plato del que tomaba los alimentos que ingería, facilitado por su estatura.
A las anécdotas se sumaron, de que el hogar de Manduley se llenó de vecinos, mientras la ama de casa repartía galletas y refresco, en tanto Celia se ofreció a realizar los quehaceres domésticos.
En Guáimaro, Fidel recibió el aviso de que en Camagüey tropas masferreristas estaban apostadas en el hospital en construcción -hoy Manuel Ascunce Domenech— haciéndole resistencia a la Revolución.
Como siempre con esas ideas que se las ingeniaba, Fidel ordenó que los tanques se posicionaran delante y avanzaran para neutralizar esa acción.
Antes de continuar hacia Camagüey, donde arribarían a media mañana, hombres, mujeres y niños aclamaron a Fidel en Guáimaro.
Fidel en Camagüey
Una de las fotos que acompaña esta semblanza, recordada hoy a 67 años, no deja mentir. A la entrada Fidel hace un alto y dialoga hasta el momento de la partida e inicia un recorrido por la ciudad.
La agenda de ese día la tuvo muy cargada: recibió en el aeropuerto de Camagüey a varios compañeros que venían de La Habana para informar sobre la situación en la capital.
En la céntrica calle Avellaneda habitantes de diferentes edades aclamaron a los rebeldes, como quedó plasmado para la historia, en las fotos del aficionado Alberto José Lluesma Castañal -ya fallecido— quien declaró a la prensa lo increíble del hecho y el orgullo que sentía.
Ya caía la noche del 4 de enero de 1959 cuando Fidel desde uno de los balcones que presidia la plaza de La Caridad, bautizada por el pueblo como de la Libertad, se dirigía a los camagüeyanos, a ese pueblo enardecido que daba vivas a la Revolución y del que él reconoció su apoyo incondicional.

Tuvo frases de elogio para la prensa y dijo, que desde ahora, en lo adelante, la lucha de los cubanos sería más difícil.
Y traer al presente una de aquellas frases del Líder revolucionario, es como si estuvieran dichas en este minuto.
“Dura y difícil será la empresa de los que pretendan separarnos y alejarnos a nosotros de nuestro pueblo, porque cuando no se vive más que para un solo propósito, cuando no se vive más que con una sola intención, cuando no se descansa, cuando no se duerme, cuando no hay tregua en el trabajo y en la lucha por servir honradamente una causa, no hay fuerza que pueda separar a un hombre de su pueblo”.

Más relacionados