Luis Serrano Moro, primera victima estudiantil de Machado en Camagüey

Foto: Cortesía del autor
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Por: MSc. Ricardo Muñoz Gutiérrez

Es sabido que la situación económica, social y política de Cuba a fines de la década de 1920 y principios de la de 1930, provocada entre otros factores por el subdesarrollo agravado a partir de 1902 y agravado por la crisis cíclica del capitalismo de 1929 al 33, la dictadura de Gerardo Machado, la influencia internacional de ideas revolucionarias y la maduración de la conciencia nacional, engendró una situación revolucionaria.

Machado trató por todos los medios de evitar el avance del movimiento comunista, revolucionario incluso, reprimió a la oposición burguesa. Los asesinatos, torturas, encarcelamientos de los líderes o voces que se le oponían y deportación de extranjeros “perniciosos” se cuentan en centenas.

Como es lógico, a la violencia reaccionaria del gobierno y sus órganos represores le siguió la violencia revolucionaria. En Camagüey, la primera referencia al respecto data del 15 de diciembre de 1930, cuando en el buzón para los paquetes postales de la oficina de correos de la ciudad de Camagüey estalló una bomba; el sabotaje ocasionó algunos destrozos en el local y destruyó parte de la correspondencia depositada.

En enero de 1931 los centrales de la provincia han disminuido su producción y un buen número no molerán, pues el mercado mundial está “saturado” de azúcar y no se puede exportar. El tiempo muerto se ha extendido y los desocupados no solo aumentan en las pequeñas colonias, latifundios e ingenios y sus bateyes, su número crece en otros pueblos y ciudades como la de Camagüey.

En esta última se les prohíbe manifestarse. El 12 de junio de 1931 en la calle de Martí, un centenar de ellos, que gritan “¡Hambre!”, son disueltos por soldados y policías; se quejan de que el supervisor militar Samaniego les prohíbe reunirse y, sin embargo, autoriza reuniones políticas. Por esta época en la ciudad hay 1 093 indigentes, según datos oficiales publicados en la prensa.

Como se aprecia, no era necesario oponérsele a la dictadura por la fuerza; bastaba reclamar derechos inalienables como el derecho al trabajo o la comida, para ser reprimidos. ¿Qué quedaría para los que profesaban o divulgaban ideas progresistas, revolucionarias o comunistas si caían en manos de los represores machaditas? La tortura y la muerte.

Uno de los crímenes de la dictadura machadista en la provincia fue el del joven estudiante y antimachadista Luis Serrano Moro, detenido el 23 de febrero de 1931. Llevaba en su bolsillo algunos números del periódico estudiantil universitario “Alma Máter” que se publicaba clandestinamente.

Serrano Moro fue conducido a la jefatura de policía de Camagüey y recluido en una celda, donde se le somete a las más horribles torturas durante dos días. El 25, los cabos Miranda y Romero, en un auto conducido por el expolicía Justo Pérez Montané, lo trasladaron hasta el final de la calle Martí, aledaño al cementerio general, y lo ultimaron a tiros. Los asesinos actúan con el consentimiento u orden de sus jefes; momentos después se personó en el lugar el capitán de la Policía Ernesto Samaniego que el 13 de noviembre del año anterior había sido designado por el gobierno machadista supervisor militar de la provincia por la grave situación de la provincia y con el encargo de reprimir los actos de rebeldía contra la dictadura. Este oficial se presenta ante el administrador del cementerio ordenándole que entregara las llaves para conducir el cadáver al recinto.

Luis Serrano Moro es el primer mártir vinculado al movimiento estudiantil camagüeyano en la década de 1930.

Fuentes:

Academia de Ciencias de Cuba: Índice Histórico de la Provincia de Camagüey 1899-1952. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1978. p. 156-158 y 160.

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