En los pasillos de la Facultad de Ciencias Pedagógicas, de la Universidad de Camagüey “Ignacio Agramonte Loynaz”, su nombre se pronuncia con un respeto que pocos logran cosechar. No es para menos. Durante más de 40 años, la Doctora en Ciencias Pedagógicas- María Jesús Hernández Carballé– ha dedicado su vida a la docencia, pero no a una enseñanza cualquiera.
Ella pertenece a esa estirpe de maestros que entienden la educación como un acto de amor riguroso, donde cada palabra, cada pausa y cada gesto, deben estar cuidados con presición milimétrica.
Con un currículum que destaca desde sus estudios primarios, allá en la escuelita de Jaronú donde aprendió sus primeras trazos, abarca títulos de Doctora en Ciencias Pedagógicas, Maestría en Educación Avanzada, Lic. Educación Especial en el Instituto Superior Pedagógico Vladimir Ilich Lenin—Moscú. La profe María, no es solo una académica más. Es la memoria viva y el motor del Programa de Maestría en Inclusión Socioeducativa en los últimos 5 años.
Durante 27 años, ha sido el pilar del Instituto de Postgrado, pero su verdadera huella imborrable está al frente de varias generaciones de estudiantes, muchos de ellos hoy son sus compañeros de labor, quienes reconocen y agradecen sus exigencias, pues mucho de ella hay en sus formas de enfrentar cada clase.
Dicen sus alumnos
Quienes han pasado por sus aulas la describen como una “perfeccionista nata”, pero con un matiz que lo cambia todo: su exigencia nace del cariño y de una profunda convicción.
Ella no solo enseña teorías sobre cómo atender a la diversidad; ella vive la inclusión. Para la DSc. María Hernández, un trabajo mal hecho no es una opción, porque sabe que detrás de cada tesis, de cada diagnóstico, hay personas reales que merecen una oportunidad.
Sus colegas recuerdan cómo revisaba cada detalle de los planes de estudio, asegurándose de que los futuros maestros comprendieran que la inclusión no es un favor, sino un derecho.
Sus estudiantes, hoy profesionales destacados, aún recuerdan sus devoluciones: hojas llenas de anotaciones en tinta roja, sí, pero también de palabras de aliento y sugerencias para ir más allá, para ver al alumno invisible, para adaptar la clase especial que nadie había sabido adaptar.
No es solo la exigencia. Es la minuciosidad. La profe María es de las que cree que la educación se construye en el pequeño detalle: en la elección de la palabra justa, en la sonrisa que acoge, en la adaptación curricular que permite que un niño con discapacidad no solo esté en el aula, sino que aprenda y se sienta parte del proceso.
Por eso, bajo su coordinación, la Maestría en Inclusión Socioeducativa, que exibe, además, categoría de Excelencia, no es un curso más para obtener un título, sino un reto que transforma la mirada de los docentes y no docentes; de todos los que tenemos el honor de asistir.
La mirada de la cronista
Hoy, a sus 40 años de servicio, los últimos de ellos guiando el postgrado, la maestra a todas, María Jesús Hernández Carballé sigue en pie, jubilada y reincorporada, firme en su convicción. Es la maestra que cuida cada detalle porque sabe que, en el arte de enseñar, lo pequeño es lo verdaderamente grande.



